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Los juguetes sexuales no son para lesbianas

¿Quién diseña los juguetes sexuales?

¿Te lo has preguntado alguna vez? Nosotras sí. Cada vez que queremos comprar algo nuevo para compartir con una pareja sexual. Cada vez que buscamos un juguete o que sacamos del cajón el que ya tenemos, nos hacemos esta pregunta. ¿Quién ha pensado que este juguete, que me vendieron como ideal para parejas lésbicas, es realmente útil y satisfactorio?

Siendo sinceras, los juguetes sexuales en su mayoría están pensados para el público femenino. Mujeres heterosexuales, bajo una mirada masculina o mujeres que satisfacen el deseo en solitario. Desde hace unos años, no demasiados, la juguetería erótica están creando cada vez más sextoys para hombres y para parejas. Parejas. Sí. ¿Qué parejas? Parece que la revolución está en los juguetes que sirven a la vez para los hombres y las mujeres que tienen encuentros eróticos juntos. Pero, ¿qué hay para las parejas homosexuales? Las empresas de juguetes han creado un nicho especial para los gays a los que les ofrecen juguetes específicos para ellos y así los venden. Es un mercado que funciona, que vende y que tiene unos productos que se diseñan en exclusiva para ellos. Vale, estos también pueden utilizarlos hombres no gays e incluso introducirlos en una relación sexual no exclusivamente gay, pero eso ya es otra historia. Y se acabó.

Para las parejas lésbicas se recomiendan los juguetes diseñados para mujeres, los creados para la doble penetración y generalmente los arneses o strapon. ¿Por qué? Porque no hay unos productos exclusivos, pensados y diseñados para las parejas de mujeres. En primer lugar se supone que todas deseamos la penetración. La penetración con un juguete de forma fálica, y si no, atrévete a encontrar algo que no lo sea. Se nos ofrecen dobles dildos para satisfacer esta supuesta necesidad sexual. Arneses para cubrir la inculcada fantasía de que nos gusta sentir el poder de embestir y juguetes polivalentes, es decir, que sirven para penetraciones anales, vaginales, para todo tipo de parejas… y así ya está la necesidad cubierta. Como sirve para todxs, no hay que darle más vueltas. Pero el quid de la cuestión no es que sirvan o no, es que realmente cumplan la función que se les supone y que sean cómodos y satisfactorios para las lesbianas.

Dildo o cachiporra
Dildo o cachiporra. El dildo doble clásico al más puro estilo porno

¿Esto es solo cosa mía o nos pasa a todas?

Tengo un gran fondo de armario de juguetería erótica, lo admito. Mirando, revisando y tras las relaciones sexuales compartidas me di cuenta de que entre todo lo que tengo solo uno nos era satisfactorio para usar conjuntamente. Me lancé a preguntar si esto me ocurre a mí sola o también les sucede a otras parejas lésbicas y la respuesta fue abrumadora. Todas las mujeres que se han puesto en contacto conmigo coinciden en que se sienten realmente frustradas a la hora de encontrar un juguete que les guste y les sirva de verdad.

Andrea y su pareja querían lanzarse a probar nuevas experiencias, pero su deseo se quedó por el camino. “Hace poco quisimos experimentar con algún juguete y nos encontramos con que casi no hay dildos dobles, y los que hay suelen tener la mayoría forma de pene. Nos costó horrores encontrar uno que no tuviera un tamaño desmesurado y que tuviera forma hergonómica, y es realmente frustrante”. “No es que tengamos fobia al pene, pero siempre es lo mismo, el falo como centro de todo el placer y en este caso de nuestros juguetes sexuales”.

Marian y Claudia utilizan juguetes de vez en cuando como complemento a sus relaciones. “Los gustos van variando y vamos probando”. “Lo que no nos gusta es la falta de realismo, no estético, sino más bien en la textura, la densidad o la ergonomía de los juguetes”. “No nos atrae la idea de ponernos arneses, son aparatosos e incómodos por eso a veces usamos dildos dobles, pero cuando hay mucha excitación o el sexo es más duro, el dildo doble sin sujección se resbala constantemente y tienes que estar agarrádolo con una mano. Al final, te resta libertad para hacer otras cosas y no estás cómoda”.

No son solo los juguetes lo que no está adaptado. Mónica y Lucía se iniciaron en la juguetería con unas fundas para dedos. “Queríamos algo diferente para probar. Compramos unas con relieves, pero no sabemos si es porque están pensadas para dedos masculinos, nos quedan grandes y se nos caen. Hemos probado a meter dos dedos en una para evitarlo, pero no caben. Por lo que para nosotras ya es algo descartado”. “Los vibradores tampoco nos convencen. Queremos algo exclusivo para nosotras, algo que no simule un pene”. Al igual que Marian y Claudia sostienen que el tacto de los vibradores no les agrada, “antes de comprar uno toqué muchísimos… pero nada, son las texturas, que no me atraen” confiesa Mónica.

Thais Duthie, la escritora y sexblogger, ha probado casi de todo. Cuando le pregunté si creía que existían juguetes para lesbianas me respondió que “existen, pero de aquella manera”. “Seguro que sí los han diseñado pensando en dos mujeres teniendo sexo, pero lo han hecho en el más puro estado de desconocimiento”.

Pasa como con las películas porno lésbicas mainstream. ¿Quién las hace? ¿para qué público y con qué objetivo? Ahí está la respuesta. Detrás de todo está el pensamiento heterosexual que, igual que en un rodaje, en el diseño de un juguete, lo que se hace es especular e intentar acertar qué es lo que va a gustar y no cubrir las necesidades reales. Heterosexuales pensando en un público lésbico. 

“Mi experiencia es que ningún juguete que yo haya probado ha sido diseñado exclusivamente para lesbianas, y si lo ha sido no es funcional, tienen fallos” añade Duthie. Me pone como ejemplo algunos de los juguetes que ha probado y que se supone están pensados en parejas lésbicas. Los famosos dobles dildos “El primero que probé fue New Wave de Fun Factory, es extraño que cada extremo sea diferente, uno es más grueso que otro. Las sensaciones son muy diferentes para una y para la otra y la parte central es demasiado blanda y no se sujeta demasiado bien, aunque es un buen intento”.

Los arneses sin correas parecían ser la solución a todos nuestros problemas. Cómodos, te sientes libre y disfrutan las dos. Ya, será en teoría porque en la práctica mi experiencia es como la de Marian y Claudia, se resbala, los músculos pélvicos tiene que tener la fuerza de Thor para mantenerlo siempre en su sitio y además, no tienen el tamaño idóneo para satisfacer a las dos. Thais dice que de esos el único que le parecía que iba por buen camino es Sharevibe, de la misma marca que el anterior pero “a ver quién se atreve con eso… La que lleva la parte más gruesa tiene que tener una musculatura vaginal muy en forma para sostener el juguete sin que se caiga, y encima meter y sacar el extremo. Un poco lío. Yo hago ejercicios de kegel y no fui capaz de usar este juguete en condiciones. Como dije en una reseña: el extremo gordo es perfecto para usarlo como mango, y ya está”.

Y ante todos éstos surgen los juguetes dobles súper revolucionarios. Valen para dobles penetraciones en una misma y en diferentes personas, por eso son válidos para parejas lésbicas. Una vez más, en la teoría. En la práctica, “yo no lo veo, sinceramente” dice Thais Duthie. “Me parece perfecto para masturbación en solitario: el extremo más grueso vaginal y el más pequeño anal. Si no, otra vez, la que lleva el grande le lleva mucha más ventaja a la otra”

Yo también tengo este juguete y lo uso en sexo compartido, la verdad que nunca en solitario. Está bien que cada una puede tener su extremo. Se lo introduce y con el mando vas cambiando el modo de vibración. Puedes moverte, tienes libertad en las manos y lo que te permita el cable de unión, pero le falta algo. No se siente el movimiento, a veces tienes que tener cuidado cómo te giras para no tirar demasiado y como dice Thais, que las dos vayan sintiendo lo mismo, lo cual es difícil cuando cada parte es diferente.

Nos quedan los arneses normales y corrientes a los que les colocas un dildo o vibrador. Para Thais el mejor es el de BS Atelier, yo no lo he probado, pero cuando alguna vez se me ha ocurrido hacer algún invento… está bien en el momento, pero deja dolor en la zona por las embestidas y esto ocurre también con los que venden en los sexshop. Generalmente están pensados para un juego fetichista y no particularmente para el disfrute de dos mujeres.

Las lesbianas en los sexshops

¿Dónde está la zona lésbica? Como las lesbianas somos mujeres, solo hasta que leas a Monique Wittig, nuestros juguetes son todos los pensados y diseñados para mujeres. Cuando buscas un dildo doble, un arnés o un juego que sirva para dos mujeres tienes que dirigirte hacia la parte de fetichismos. No hay una sección clara para nosotras.

Para los gays la hay, suele haber un rinconcito para sus juguetes sexuales, anales principalmente. Para los nuevos juguetes para parejas se ha creado ese espacio. Pero para encontrar algo que nos valga hay que preguntar a la o el dependiente para que nos oriente de entre todo lo que hay, qué podemos aplicar a nuestras relaciones.

Pero esto no ocurre solo con la juguetería erótica. También sucede con los juegos y lencería. Mónica cuenta que ha ido a varias tiendas de productos sexuales y eróticos en busca de un juego de cartas erótico, “he ido a muchos y en todos me dicen lo mismo, que no hay para mujeres. La solución que me dan es que compre unas para heteros y que lo hagamos con un vibrador. Pero no es lo mismo, no es para nosotras”. “Me sorprende mucho que no me ha pasado solo en uno, sino que soy incapaz de encontrar una tienda que las tenga y la respuesta que me dan siempre es la misma”.

En cuanto a la lencería sucede lo mismo. ¿Os habéis fijado que siempre es del mismo estilo? Soy una fanática de la ropa interior y afortunadamente puedo encontrar lo que me gusta en tiendas no especializadas, pero si te gusta algo diferente, siendo mujer, ni siquiera en las love store lo ofrecen. La línea siempre es la misma. ¿y el público? también. Y para encontrar algo alejado de esa línea femenina estándar tienes que ir a los productos “fetichistas” de nuevo.

Hasta el packing y marketing de los productos es poco inclusivo. Ahora los juguetes se presentan de una forma más elegante y ya no hay fotos explícitas, por lo general, en las cajas, pero la forma de venderlos y anunciarlos sigue siendo normativa y heterosexual. Y si buscas un producto de gama media a precio asequible entonces sí que olvídate. “A ver de dónde sacan nuestras lectoras el presupuesto. Los arneses que acostumbro a ver en tiendas que son más baratos son muy malos de calidad y apenas sujetan” apunta Thais Duthie.

El tema de la erótica ya sea a través de revistas, películas, cómics, libros… es otro gran tema a tratar. Los que representan sexo lésbico no lo hacen pensando en un público lésbico, sino como algo morboso y que nos puede poner a todos. Los productos creados exclusivamente para las lesbianas son muy escasos y difíciles de encontrar.

Como anécdota, en mi última visita a Berkana, en Madrid, estaba encantada con todo lo que vi, pero me decepcionó ver que la parte final de la tienda estaba llena de productos eróticos audiovisuales para público gay (solo hombres) y no había lo mismo para lesbianas. Para encontrar un cómic erótico lésbico he tenido que hacer una gran investigación por Internet y ver dónde podía conseguirlo, porque no es algo “corriente”.

Cuando creas un producto lo diseñas pensando en el público al que te quieres dirigir. Entonces lo único que me queda preguntar es: ¿nadie quiere crear productos para lesbianas?

¿Por qué?

 

 

“Si te libras de las cadenas sociales tienes un mundo de sensaciones por descubrir” | Una pareja liberal cuenta su primera vez

En una de mis visitas a Barcelona tuve la oportunidad de conocerles en persona. Me impresionaron. Su naturalidad y sinceridad me conquistó. ¡Esto es lo que yo quiero mostrar! pensé justo en ese momento y no dudé en proponerles un encuentro para saber todo de su experiencia como pareja liberal. Tenía tantas preguntas… ¿cómo se empieza una aventura así? ¿cómo se sienten y recuerdan las primeras veces? ¿dónde encuentras el lugar perfecto para ti? ¿cómo repercute abrir tu sexualidad a tu relación de pareja?

Pero además de todo esto lo que yo quería transmitir es que ser una pareja liberal puede ser, y en este caso lo ha sido, muy positivo para la propia  relación de pareja si existe la comunicación, respeto y sinceridad adecuada. Hay que desmitificar y alumbrar las oscuridades que a veces se ponen entorno a las relaciones abiertas y hacer ver que es una manera más de disfrutar del sexo.

¿Habré conseguido mostrar la cara real de tener una relación de pareja liberal?

  • ¿Cómo fue el comienzo de abrir vuestras sexualidades?

El comienzo de nuestra curiosidad se originó mientras veíamos una película porno, de repente nos dimos cuenta de que aquello nos proporcionaba más diversión que morbo, que es lo que buscábamos en realidad. De ahí surgió la pregunta de ¿Cómo sería ver a alguien haciendo el amor de verdad?

Investigando por internet encontramos una serie de locales de intercambio de pareja y decidimos ir a echar un vistazo, pero solo para saciar nuestra curiosidad por el mundo sexual ajeno al nuestro.

Tras un periodo de reflexión e investigación, encontramos un local que en las redes sociales lo describían como “muy light” y pensamos que sería el más apropiado para lo que nosotros queríamos hacer.

El día que lo visitamos había una fiesta y estaba lleno de parejas, nada más entrar, la chica de la recepción nos mostró todo el local y nos explicó sus normas, ya que fuimos sinceros y le dijimos que nunca habíamos visitado ningún local de intercambio, que ésta era nuestra primera vez.

Nos quedamos en la discoteca del local, había mucha gente, todos vestidos muy sexys y bailando muy sensual, las parejas empezaban a jugar unas con otras, miradas, besos, caricias, incluso vimos alguna felación en la barra. Nosotros estuvimos casi toda la noche en una esquinita observando todo aquello, ya que no era a lo que estábamos acostumbrados, porque es poco o nada habitual en las discotecas verticales (el término vertical se refiere a las discotecas comunes, en las que no interactúas con nadie de forma horizontal). Pero en un momento determinado de la noche, en el que la gente empezó a dispersarse, nos asaltó la curiosidad por ir a mirar la zona de camas que la chica de recepción nos había mostrado cuando llegamos al club. Recordamos sobre todo la impresión que nos causaron los gemidos de la gente que ya se oían cuando ibas subiendo las escaleras, y como nos mirábamos los dos, asombrados y sobrecogidos por lo que estábamos viviendo. Cuando nos asomamos a las camas y vimos a la gente practicando sexo nos dio mucho morbo, era como una gran orgía, de repente nos empezaron a subir los calores y no sabíamos bien donde ponernos o que hacer, pero conforme transcurría la noche empezábamos a estar más cachondos, más tranquilos y más envueltos en ese ambiente tan sensual que se respiraba y acabó haciendo que viésemos aquello con mucha más normalidad. Con el aumento de nuestro apetito sexual decidimos practicar sexo allí nosotros también, aunque fue en un cuarto pequeñito que no había nadie y que quedaba bastante discreto.

Al final de la noche ambos coincidíamos en que aquella experiencia había que repetirla porque había sido muy morboso y lo habíamos pasado muy bien.

Nuestra segunda vez fue un poco igual, aunque esta vez empezamos antes a jugar entre nosotros y le dedicamos más tiempo a esto y menos a la discoteca. La diferencia la marcó el hecho de que mientras nosotros nos divertíamos juntos entró otra pareja en este cuarto, estaban desnudos, muy discretos se pusieron a nuestro lado, para iniciar un juego conjunto y la chica acarició la espalda de Peter, que en ese momento se asustó, se giró y les dijo que queríamos seguir solos y no buscábamos nada con nadie. Ellos comprendiendo a la perfección nuestros deseos, se dieron media vuelta y se fueron a otro lugar del club. Peter se quedó tan impactado y abrumado con aquellas caricias que enseguida llegó al orgasmo, sólo con el recuerdo de esa sensación, esa caricia en la espalda que ni siquiera es una zona erógena, fue una sensación muy distinta, novedosa y diferente a las que estábamos acostumbrados a vivir a solas.

De ahí surgió el deseo de Peter de que probásemos en tener nuestra primera experiencia junto a otras personas, le había gustado tanto la sensación que había experimentado que no quería que dejásemos escapar la oportunidad de vivirla juntos, queríamos experimentar todo ese mundo de sensaciones nuevas y placenteras.

Y así de fortuito fue nuestro inicio de una relación abierta, ya que quizás si esa pareja no hubiese entrado y no hubiese tocado su espalda, no nos hubiésemos planteado abrirnos a nuevas posibilidades.

  • ¿Qué os impulsó a hacerlo?

Quizás lo que nos impulsó fue el gesto de la espalda que comentábamos. Pero también tuvo mucho que ver en nuestra decisión una agradable charla con una pareja veterana con la que quedamos a través de una red social para tomar unas copas con ellos. Nosotros teníamos muchas dudas de si queríamos entrar o no en este mundillo porque no veíamos la necesidad de incorporar más personas a nuestra relación, pero ellos se ofrecieron a explicarnos las normas no escritas sobre este interesante mundo liberal y sus experiencias más destacadas, por si podían servirnos a nosotros también. Nos hicieron un poco de maestros, explicándonos todos los truquillos del mundillo, aunque para nosotros lo mejor de aquella charla quizás fue el hecho de que nos hicieran plantearnos el mundo liberal como un juguete más de nuestra lista de juguetes sexuales. Nos ayudaron a cuestionarnos nuestra sexualidad compartida, plantearon la duda de por qué no dejar que alguien entrase en nuestra vida sexual y jugase con nosotros igual que nosotros hacíamos con los juguetes sexuales, sin entrar para nada en nuestra vida sentimental o emocional, ya que, queramos o no, son dos mundos que han de viajar en paralelo para poder disfrutar un poco más de todas estas aventuras.

Las primeras veces siempre nos dejan recuerdos como los nervios, las dudas, el cómo será…

  • ¿Cómo fue la primera vez que practicasteis sexo con otras personas?

Después de la conversación con esa pareja nos atrevimos a quedar con otra, de nuestra edad, que también estaba empezando a experimentar. En principio nos pusimos muchos límites, solo queríamos experimentar lo que podíamos sentir tocándonos mientras lo hacíamos entre nosotros. Los cuatro revueltos, por decir algo. Acordamos que no habría nada de sexo oral, ni penetración, solo serían besos, caricias y poco más, ya que era para probar qué sentíamos y que experimentábamos viendo a nuestra pareja con otra persona. Decidimos quedar en el local que ya habíamos frecuentado un par de veces y tras unas copas acabamos los cuatro en un cuartito besándonos, tocándonos… Y la verdad es que te choca un poco ver a tu pareja con otra persona, pero también lo recuerdas muy morboso. Tienes una mezcla de sensaciones muy fuerte. Quizás lo que más recuerdo es estar muy pendiente de cómo estaba mi pareja e intentar leer en sus gestos si se encontraba tan a gusto como yo o si le estaba gustando tanto como me estaba gustando a mí.

Pero al final de la noche nos dimos cuenta de que nos habíamos puesto demasiados límites y que ambos nos habíamos quedado con las ganas de romperlos.

Lo que es muy importante, después del encuentro con otras personas, es la comunicación en la pareja, para saber lo que la otra parte ha sentido y poder consensuar de nuevo esos límites, que nos parecieron excesivos y que sin duda ninguno de los dos quería que fuesen tan estrictos.

Debo añadir (Peter) que la primera vez que penetré a otra chica delante de mi pareja fue también impactante, al igual que verla a ella siendo penetrada. Me excitaba ver su cara de placer, pero por dentro algo me decía que eso estaba mal. Nos educan en base a unos prejuicios sociales y religiosos en los cuales reprimen cualquier práctica sexual que salga de los “cánones estándar”. Tras analizarlo y comprobar que a medida que quedábamos con otras parejas el placer que nos proporcionan las prácticas liberales seguía aumentando, me di cuenta de que si te libras de esas “cadenas sociales” tienes un mundo de sensaciones por descubrir.

  • Cuando realizáis los encuentros, lo hacéis siempre en pareja ¿o cada uno de vosotros también tiene encuentros en solitario?

Cada pareja lo vive a su manera, no hay unas prácticas establecidas para todos, porque al igual que en el sexo convencional, cada uno tiene sus gustos. Seguramente si le preguntas esto mismo a cualquier otro, puedes encontrar opiniones muy diversas.

Nosotros lo hemos hecho alguna vez, porque nos gusta probarlo todo, pero no es lo que más nos gusta, por lo tanto, aunque no lo descartamos, es algo que queda un poco en segundo plano y nos dedicamos más a practicar cosas en las que los dos podamos participar.

Para nosotros lo morboso de estas prácticas es poder ver a tu pareja disfrutar con alguien y poder participar o interactuar en cualquier momento, o recordar todo lo que has visto luego en la intimidad cuando estamos a solas y volverte de nuevo loco de placer con todos esos momentos que has visto.

Pero en este mundillo podría decirse que hay dos catálogos disponibles, el de cosas que te gustan o te apetecen y el de cosas que no te gustan o no te apetecen en según qué momentos y lo más interesante de estos catálogos es que no dejan de cambiar, porque hay tantas variables que influyen en lo que haces y lo que no, es todo tan cambiante y tan efímero, que estos catálogos nunca acaban de estar definidos del todo.

  • ¿Os denominaríais como una pareja Swinger (parejas que hacen intercambio con otras parejas)?

No, ya que una pareja swinger solo hace intercambio con otras parejas, en nuestro caso el termino sería liberal, ya que realizamos también orgías, tríos con chicas o chicos indiferentemente y demás prácticas que no están contempladas en el término swinger.

  • ¿Cómo os ha repercutido como pareja sexual y sentimental incluir en vuestras relaciones sexuales a otras personas?

Como pareja sexual nos ha enriquecido muchísimo porque todas las prácticas que realizas o aprendes con otras personas, luego las pones en práctica con tu pareja. Así que tenemos una gran variedad de posturas y técnicas sexuales. Además las sensaciones que transmiten los recuerdos (de haber visto a tu pareja con alguien más) que vienen a la mente cuando ya estás en la intimidad, a solas, son imposibles de obtener si no hubieses permitido a esa persona externa practicar sexo con nosotros.

A nivel emocional nos ha unido mucho también porque la comunicación y la confianza que has de tener con tu pareja para llevar a cabo estas prácticas es muy intensa, si no hay un nivel muy alto de comunicación no funciona, lo hemos visto muy de cerca, que las parejas que no están basadas en la comunicación, la confianza y la sinceridad acaban dejándolo porque la relación no se sostiene. En nuestro caso nos ha ayudado a reforzar y consolidar esos pilares, que ya teníamos construidos.

  • ¿Cuál es la clave, para vosotros, para que una pareja disfrute de su sexualidad abierta sin que se vea deteriorada la relación que mantienen entre ellos?

Bueno para nosotros no hay una clave diferente a la que pueda tener una pareja que no sea liberal, ya que el problema en la mayoría de los casos, son las carencias y las puede haber tanto en un terreno como en el otro.

Básicamente para que una pareja funcione necesitas respeto, sinceridad y comunicación y eso es igual en todo tipo de parejas. Si hay carencias en alguno de esos aspectos la pareja falla.

  • ¿Es fácil encontrar lugares o formas para contactar con personas que también están abiertas a experimentar?

Existen locales liberales que están dedicados en exclusiva para este tipo de prácticas y para contactar existen diferentes redes sociales. En ellas puedes conocer gente liberal o swinger con una cierta discreción. Cada uno tiene un perfil que es como una carta de presentación, fotografías, qué buscas, orientación sexual, etc.

Dentro de estas redes sociales se utiliza el sistema de verificaciones. Las verificaciones son unas valoraciones que realizan otros usuarios sobre ti. Con este sistema te aseguras que ese perfil es real, que se han conocido en persona. Además, puedes obtener más información sobre su forma de ser, actitud, carácter, fogosidad, experiencia, prácticas que realiza…

  • ¿Hay lugares específicos para quedar y realizar los encuentros o se hace más en privado?

Por ejemplo, solo en Barcelona ciudad hay unos seis o siente clubs con una oferta muy variada, cada uno con una filosofía propia. Según los gustos de cada persona, frecuentas unos u otros. Hay algunos para un público más entrado en años, otros para más jóvenes, algunos con piscina o zona de juegos más exclusivas y otros potencian más la discoteca.

También hay gente que solo queda en los locales para conocer a otras personas y los encuentros los hacen más en privado porque prefieren más intimidad. Va en función de cada pareja.

  • Cuando quedáis con otras personas, una vez conseguido el contacto, ¿quedáis directamente para tener sexo o seguís un “protocolo”?

En nuestro caso, por ejemplo, nos gusta conocer a la persona tomando un café o unas copas para así charlar y conocernos antes de jugar. Pero no hay un protocolo establecido, ya que según la situación o el entorno puedes realizar una cosa u otra. También influye el estado de ánimo, ya que hay momentos en los que apetece más conocer a la persona y luego jugar y otros momentos en los que vas a jugar directamente y “a lo que surja”.

  • ¿Y cómo elegís a las personas con las que puede haber un futuro encuentro?

Principalmente nos llama la atención el físico, ese es el primer filtro. Y luego tras charlar, te das cuenta si hay ese “feeling” que necesitas para llegar más lejos.  La otra parte también tiene que tener esa atracción hacia nosotros, por eso a veces es muy difícil llegar hasta el final.

  •  No es común que las personas hablen de sus deseos sexuales hacia otra persona que no sea su pareja, lo que es algo natural, ¿por qué creéis que sucede esto?, ¿vosotros lo habéis externalizado o es algo que os quedáis para vuestra vida íntima?

Nosotros creemos que aquí influyen factores individuales y sociales sin tener nada que ver con el mundo liberal. Nos referimos a que muchas parejas no son sinceras entre sí por miedos o inseguridades. Si paseando por la calle se cruza una chica o chico con un estereotipo que atrae a una de las dos partes, ¿por qué se debe ocultar eso? Si ocultas que has sentido atracción física hacia esa persona, no estás siendo sincero. Quizás por miedo a que la otra persona se sienta inferior o despreciada, pero no tiene nada que ver. Eso son inseguridades intrínsecas que no aportan nada positivo, pues estás reprimiendo emociones que tu cuerpo ha sentido. Yo prefiero ser sincero y admitir que la persona que se cruzó en nuestro camino me resulta atractiva. Eso no significa que deje de querer a mi pareja, o que la vea como la más hermosa de todas. Pero como te decimos, no tiene nada que ver con el mundo liberal. Al principio de nuestra relación, antes de iniciarnos en esta aventura, ya nos comportábamos así de sinceros el uno con el otro. Socialmente nos inculcan desde pequeños que la atracción física va arraigada al amor y son dos conceptos completamente diferentes.

*Quiero darles las gracias públicamente porque me ha encantado charlar con ellos y he aprendido muchísimo.

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¡MUCHA SUERTE!

A-filiame a ti | Parafilias en el DSM

Ayer en la clase del curso que estoy haciendo de monitora de educación sexual en el centro de psicología Gurenduz, salió el tema de las parafilias y con ellas conocimos el DSM, el libro que contiene la clasificación de todos los trastornos mentales. Me quedé alucinada con el contenido de este librito. Digamos que es muy curiosa su manera de describir los trastornos y la clasificación que se hace de ellos.

Si no sois psicólogxs probablemente os preguntaréis qué es esto, yo también lo hice porque como estoy en proceso de aprender más sobre sexología, todavía no había llegado a ver en primera persona el manual por excelencia para lxs sexólogxs. El DSM es el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de ahí las siglas, lo que en castellano traducimos como Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Aunque es de uso internacional, la OMS, Organización Mundial de la Salud, recomienda el uso del sistema denominado CIE-10acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades cuyo uso está generalizado en todo el mundo.

Podemos decir que el DSM es más o menos la Biblia de la psicología. Está editado por la Asociación Estadounidense de psiquiatría y ahora mismo está vigente la quinta edición. Este manual fue creado con el objetivo de facilitar a los profesionales de la salud el diagnóstico de enfermedades.

¿Enfermedades? ¿parafilias? ¿trastornos?

Sí, así. Todo junto. Bueno en este manual aparecen todo tipo de trastornos, pero vamos a lo que nos interesa. Los trastornos sexuales y de la identidad sexual. Según el DSM hay tres tipos: trastornos sexuales, parafilias y trastorno de la identidad sexual (disforia de género).

Vamos a centrarnos en las parafilias (palabra proveniente del griego παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía: ‘amor’) A raíz de intentar describir que es el sadismo surgió la consulta de este libro. Y dice así:

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actos (reales, no simulados) en los que el sufrimiento psicológico o físico (incluyendo la humillación) de la víctima es sexualmente excitante para el individuo.
  • Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. (Esto se añade a todas las acepciones)

O sea que si han sido menos de seis meses puedes estar tranquilx que ya no eres sádicx. Si son solo fantasías también, no lo saques fuera y ya está, así nadie te mira raro.

Pero hay términos muy curiosos como Frotteurismo. Dice así:

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes e impulsos sexuales o comportamientos ligados al hecho de tocar y rozar una persona en contra de su voluntad.

Me surge la duda de si en este caso se queda solo en la fantasía o se hace real, porque no se yo como lo ven lxs del DSM, pero ¿puede que sea una violación? no sé, digo…

Pero esperad que os voy a poner una muy buena Fetiche Travestista.

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el acto de transvestirse, en un varón heterosexual.

Qué respiro, si eres gay, lesbiana, bisexual o tienes cualquier otra orientación que no sea la hetero ya no entras dentro de esta parafilia. Si es que nos preocupamos por nada.

Masoquismo sexual.

  • Durante un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el hecho (real, no simulado) de ser humillado, pegado, atado o cualquier otra forma de sufrimiento.

Si todo solo pasa en tu cabeza no es nada, no hay de que preocuparse, es como si no te gustara, es solo que aparece alguna vez.

Aquí podéis leer con más detenimiento todas las definiciones que se incluyen en el manual.

¿Soy yo?

No sé si tal vez es mi desconocimiento, pero me chirrían un poco las descripciones de las supuestas parafilias. Para considerar una conducta como parafílica, ésta debe involucrar a personas no consientes de ello y además debe de afectar de forma negativa  a la vida del practicante. Por lo tanto, si tienes una filia, la realizas solx o con alguien que sí da su consentimiento, no debería haber ningún problemas.

En mi opinión, el problema reside en que cuando se hace algo fuera de “lo normal” entonces ya hay que catalogarlo de alguna manera. Si me gusta que me peguen mientras tengo sexo o me gusta ver determinadas acciones que no están dentro de lo común, es que algo tengo estropeado en la cabeza. Por ejemplo, es algo demasiado común pensar que como soy sádicx tuve una infancia difícil, violenta o que me ha provocado un trastorno. ¿No podemos pensar que simplemente hay muchas maneras de disfrutar y cada persona elige la suya?

Como dato gracias a la presión y protestas de la comunidad LGTBI el DSM sacó a la homosexualidad de sus páginas en 1973, en la segunda edición, que hasta ese momento consideraba como una enfermedad mental. Pero aún así este manual no tiene la aprobación de todo el mundo, no me extraña la verdad, yo aún sigo en shock, y hay documentos que siguen luchando para que se regenere su contenido y sean eliminadas algunas categorías. 

¡Será plátano el exhibicionista!