¿Por qué no tengo orgasmos con la penetración?

¿Aún nos preocupamos las mujeres por no alcanzar el orgasmo durante el sexo con penetración? Sí. Sólo hay que echar un vistazo a las preguntas que nos lanzan desde las redes. Hay muchas mujeres preocupadas porque durante la penetración no consiguen tener un orgasmo y si se tocan para conseguirlo se sienten culpables.

Esa culpabilidad por el placer se nos ha inculcado desde siempre y repercute directamente a nuestra satisfacción personal. Sabemos que si nos tocamos el clítoris o una parte que nos guste mucho, disfrutamos más y conseguimos un orgasmo más potente, pero a veces nos cohibimos por no “fallar a nuestra pareja”. Esto sucede habitualmente en relaciones heterosexuales, pero en parejas lésbicas a veces también se da el caso cuando se utilizan juguetes.

La idea de fallar o hacer algo que le pueda molestar lo llevamos tan interiorizado que dejamos nuestro placer en un segundo plano anteponiendo el de la otra persona. ¿Y qué ocurre si seguimos haciendo esto? en una palabra insatisfacción. Y esa insatisfacción no se queda sólo en el terreno sexual sino que repercute al resto de áreas de nuestra vida. Por ello, ¡dejemos de anteponer otros deseos al nuestro! y si no tienes orgasmos con la penetración, ¡tócate!. Tócate sin remordimientos, sin vergüenza y con el egoísmo positivo más placentero que hay.

¿Por qué no llego al orgasmo con la penetración?

El mito del empotrador y otras ideas irreales y negativas de cómo debe ser el sexo y las relaciones están detrás de esta pregunta. Por eso, he hablado con Lara Herrero, sexóloga en Sexo Positivo y Dialogasex, para abrir la ventana, que entre aire y daros respuestas.

¿Por qué pierdo el deseo?

A lo largo de nuestras relaciones vivimos diferente momentos eróticos y en algunos de ellos sentimos que ya no tenemos el deseo de antes y es absolutamente habitual, pero ¡podemos hacer algo!

Os confieso que no me gusta hablar de recuperar el deseo, sino de alimentarlo. Si decimos que lo recuperamos es como si se hubiera ido. Parece que un día nos dejamos la ventana abierta y se esfumó. Yo no lo veo así. El deseo vive en nosotras, lo que pasa es que hay tantas cosas que nos influyen y en las que tenemos que pensar que lo vamos dejando atrás y nos olvidamos de que está ahí.

¿Es normal perder el deseo?

El deseo no es una línea recta inmutable en nuestras relaciones. El deseo es una curva que tiene picos altos, bajos, zonas planas… y en cada etapa de nuestra vida lo vivimos de una manera. Esto no sólo nos pasa en pareja, también de manera individual. Seguro que no tienes el deseo hacia ti misma que tenías hace 5 o 10 años. Puede que hace un tiempo disfrutaras más de tiempo libre, te dedicabas a explorarte, a leer o a mirar al techo y ahora ya no lo haces. Ese tiempo que te has restado a ti misma influye en tu deseo. Igual que lo hace la carga de trabajo dentro y fuera de casa o el tiempo que pasamos en solitario, en familia y en pareja. Es normal que nuestras obligaciones y prioridades cambien, pero no debemos olvidar que la salud sexual es una prioridad y por ella pasa seguir alimentando el deseo.

Cuando hablo de alimentar el deseo no digo que de repente te compres el juguete sexual más innovador o que te pongas a hacer rol play. Lo que te propongo es que no lo olvides, que no sea un propósito de una semana, sino un objetivo en tu vida. No olvidarte de echarte de comer.

Al igual que nos preocupamos por comer sano y no se nos suele olvidar comer cada día, tampoco deberíamos olvidarnos de darnos y dedicarnos tiempo. Cuando me preguntan si es normal perder el deseo por nuestra pareja o por nosotras mismas, yo respondo que es habitual. Porque nos han enseñado a darlo todo en el momento de enamorarnos y luego nos vamos desinflando como un globo a medida que van pasando los años. Para evitar esto debemos buscar el equilibrio, compartir, estimularnos y no dejarnos caer. Y no hablo solo de parejas, también de manera individual. Lo primero es cuidar de nuestro deseo de forma individualizada y después trasladarlo a la paraja si es que la tenemos.

Cómo alimentar el deseo

Alimentar el deseo es mucho más que romper la monotonía. Es buscar formas de estar siempre activas, darle al click cerebral de activación en modo erótico. Una vez que lo tenemos encendido, entonces será más fácil encontrar estimulos que nos exciten y nos generen deseo.

El deseo es como la batería del coche. Una vez que arrancamos, siempre que mantengamos la marcha con un mínimo de combustible seguirá alimentándose.

Formas de alimentar el deseo

Para darte algunas ideas de cómo alimentar el deseo he hecho este vídeo donde te cuento algunas que me funcionan a mí y que a través de la consulta he visto que pueden ayudarte a empezar.

El orgasmo simultáneo no es bueno para tu relación

¡Queremos tener un orgasmo a la vez! es uno de los objetivos principales de muchas parejas y también causante de discusiones y problemas sexuales.

El orgasmo nos obsesiona, eso lo sabemos, pero más aún cuando estamos en pareja y creemos que tenerlo a la vez, sincronizarnos y alcanzar el clímax al mismo momento va a hacer que estemos más conectadas a nuestra pareja.

El orgasmo tiene muchos beneficios para la salud, pero que sea el único objetivo cuando tenemos un encuentro con otra personas no es uno de ellos. No crea ansiedad, no prestamos atención al resto de sensaciones y el encuentro sexual acaba siendo insatisfactorio.

Si has notado que últimamente en tus relaciones te centras demasiado en ello, te dejo el último artículo que he publicado en Nova Life en el que hablo con una compañera sexóloga sobre ¿qué pasa cuando tenemos orgasmos a la vez?. Y sobre todo, charlamos de cómo evitar la ansiedad cuando tenemos sexo y aprender a disfrutar de todas las sensaciones.

El orgasmo no es sólo el final de un encuentro, puede ser el principio de una gran experiencia, aparecer por el medio o simplemente no darse. Pero lo importante es el disfrute, todo el juego que lo rodea y cómo nos sentimos y conectamos con nosotras mismas y con la otra persona si es un encuentro compartido.

5 tips para que la intimidad y la comunicación en tiempos de Coronavirus no se nos escape

Llevamos unos días de confinamiento y hay algo que te quiero decir: no te olvides de ti.

Seguramente hayas pasado ya por diferentes fases, si tienes hijas o hijos o tienes familiares en casa la intimidad ha saltado por la ventana y ya no sabes si va a volver. Aunque estés en pareja, no todo son momentos bonitos y muchas veces las preocupaciones por el momento que estamos viviendo, la incertidumbre y seguir manteniendo las tareas diarias no ayudan a que nos sintamos proclives a mantener relaciones.

Ante toda esta situación yo os insto a que os paréis a pensar en vosotras y vosotros y os guardéis momentos de intimidad, ya sea a solas o en compañía. En este vídeo de mi canal de YouTube os doy unos consejos para que aprovechéis este tiempo para crecer personalmente y/o como pareja.

No debemos olvidarnos del placer durante el confinamiento

El cunnilingus perfecto

¿Somos nosotras más proclives a dar placer oral que los hombres? Parece ser que sí y la razón es que parece que las parejas no saben muy bien cómo sumergirse entre nuestras piernas y hacerlo de manera satisfactoria. Esto ya no va a ser una excusa porque ahora  les vamos contar cómo se hace.

Hace unas semanas ha sido el día del cunnilingus y la verdad es que si hay una joya en esta práctica sexual es el clítoris. Que el clítoris es una zona clave para el placer no es nada nuevo y, siendo sinceras, tampoco es ningún misterio. Nos han dicho muchas veces que como nuestros genitales no están tan visibles es más complicada la excitación. A los hechos nos remitimos que esto no es cierto. Simplemente hay que tener ganas de aprender a excitarnos y de hacerlo bien. Por eso desde ya os decimos que en el sexo oral no todo es clítoris.

Si hablamos del sexo oral en particular, a veces parece que nuestro amante está en una carrera de rallys de lenguas. A lametazos, sin contemplaciones, sin prestar atención a las zonas. Frote para arriba, frote para abajo y asoma los ojos por el pubis con esa mirada que dice “con esto ya vale, ¿no?”. Pues no. Así no se hace un buen cunnilingus.

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