Los juguetes sexuales no son para lesbianas

¿Quién diseña los juguetes sexuales?

¿Te lo has preguntado alguna vez? Nosotras sí. Cada vez que queremos comprar algo nuevo para compartir con una pareja sexual. Cada vez que buscamos un juguete o que sacamos del cajón el que ya tenemos, nos hacemos esta pregunta. ¿Quién ha pensado que este juguete, que me vendieron como ideal para parejas lésbicas, es realmente útil y satisfactorio?

Siendo sinceras, los juguetes sexuales en su mayoría están pensados para el público femenino. Mujeres heterosexuales, bajo una mirada masculina o mujeres que satisfacen el deseo en solitario. Desde hace unos años, no demasiados, la juguetería erótica están creando cada vez más sextoys para hombres y para parejas. Parejas. Sí. ¿Qué parejas? Parece que la revolución está en los juguetes que sirven a la vez para los hombres y las mujeres que tienen encuentros eróticos juntos. Pero, ¿qué hay para las parejas homosexuales? Las empresas de juguetes han creado un nicho especial para los gays a los que les ofrecen juguetes específicos para ellos y así los venden. Es un mercado que funciona, que vende y que tiene unos productos que se diseñan en exclusiva para ellos. Vale, estos también pueden utilizarlos hombres no gays e incluso introducirlos en una relación sexual no exclusivamente gay, pero eso ya es otra historia. Y se acabó.

Para las parejas lésbicas se recomiendan los juguetes diseñados para mujeres, los creados para la doble penetración y generalmente los arneses o strapon. ¿Por qué? Porque no hay unos productos exclusivos, pensados y diseñados para las parejas de mujeres. En primer lugar se supone que todas deseamos la penetración. La penetración con un juguete de forma fálica, y si no, atrévete a encontrar algo que no lo sea. Se nos ofrecen dobles dildos para satisfacer esta supuesta necesidad sexual. Arneses para cubrir la inculcada fantasía de que nos gusta sentir el poder de embestir y juguetes polivalentes, es decir, que sirven para penetraciones anales, vaginales, para todo tipo de parejas… y así ya está la necesidad cubierta. Como sirve para todxs, no hay que darle más vueltas. Pero el quid de la cuestión no es que sirvan o no, es que realmente cumplan la función que se les supone y que sean cómodos y satisfactorios para las lesbianas.

Dildo o cachiporra
Dildo o cachiporra. El dildo doble clásico al más puro estilo porno

¿Esto es solo cosa mía o nos pasa a todas?

Tengo un gran fondo de armario de juguetería erótica, lo admito. Mirando, revisando y tras las relaciones sexuales compartidas me di cuenta de que entre todo lo que tengo solo uno nos era satisfactorio para usar conjuntamente. Me lancé a preguntar si esto me ocurre a mí sola o también les sucede a otras parejas lésbicas y la respuesta fue abrumadora. Todas las mujeres que se han puesto en contacto conmigo coinciden en que se sienten realmente frustradas a la hora de encontrar un juguete que les guste y les sirva de verdad.

Andrea y su pareja querían lanzarse a probar nuevas experiencias, pero su deseo se quedó por el camino. “Hace poco quisimos experimentar con algún juguete y nos encontramos con que casi no hay dildos dobles, y los que hay suelen tener la mayoría forma de pene. Nos costó horrores encontrar uno que no tuviera un tamaño desmesurado y que tuviera forma hergonómica, y es realmente frustrante”. “No es que tengamos fobia al pene, pero siempre es lo mismo, el falo como centro de todo el placer y en este caso de nuestros juguetes sexuales”.

Marian y Claudia utilizan juguetes de vez en cuando como complemento a sus relaciones. “Los gustos van variando y vamos probando”. “Lo que no nos gusta es la falta de realismo, no estético, sino más bien en la textura, la densidad o la ergonomía de los juguetes”. “No nos atrae la idea de ponernos arneses, son aparatosos e incómodos por eso a veces usamos dildos dobles, pero cuando hay mucha excitación o el sexo es más duro, el dildo doble sin sujección se resbala constantemente y tienes que estar agarrádolo con una mano. Al final, te resta libertad para hacer otras cosas y no estás cómoda”.

No son solo los juguetes lo que no está adaptado. Mónica y Lucía se iniciaron en la juguetería con unas fundas para dedos. “Queríamos algo diferente para probar. Compramos unas con relieves, pero no sabemos si es porque están pensadas para dedos masculinos, nos quedan grandes y se nos caen. Hemos probado a meter dos dedos en una para evitarlo, pero no caben. Por lo que para nosotras ya es algo descartado”. “Los vibradores tampoco nos convencen. Queremos algo exclusivo para nosotras, algo que no simule un pene”. Al igual que Marian y Claudia sostienen que el tacto de los vibradores no les agrada, “antes de comprar uno toqué muchísimos… pero nada, son las texturas, que no me atraen” confiesa Mónica.

Thais Duthie, la escritora y sexblogger, ha probado casi de todo. Cuando le pregunté si creía que existían juguetes para lesbianas me respondió que “existen, pero de aquella manera”. “Seguro que sí los han diseñado pensando en dos mujeres teniendo sexo, pero lo han hecho en el más puro estado de desconocimiento”.

Pasa como con las películas porno lésbicas mainstream. ¿Quién las hace? ¿para qué público y con qué objetivo? Ahí está la respuesta. Detrás de todo está el pensamiento heterosexual que, igual que en un rodaje, en el diseño de un juguete, lo que se hace es especular e intentar acertar qué es lo que va a gustar y no cubrir las necesidades reales. Heterosexuales pensando en un público lésbico. 

“Mi experiencia es que ningún juguete que yo haya probado ha sido diseñado exclusivamente para lesbianas, y si lo ha sido no es funcional, tienen fallos” añade Duthie. Me pone como ejemplo algunos de los juguetes que ha probado y que se supone están pensados en parejas lésbicas. Los famosos dobles dildos “El primero que probé fue New Wave de Fun Factory, es extraño que cada extremo sea diferente, uno es más grueso que otro. Las sensaciones son muy diferentes para una y para la otra y la parte central es demasiado blanda y no se sujeta demasiado bien, aunque es un buen intento”.

Los arneses sin correas parecían ser la solución a todos nuestros problemas. Cómodos, te sientes libre y disfrutan las dos. Ya, será en teoría porque en la práctica mi experiencia es como la de Marian y Claudia, se resbala, los músculos pélvicos tiene que tener la fuerza de Thor para mantenerlo siempre en su sitio y además, no tienen el tamaño idóneo para satisfacer a las dos. Thais dice que de esos el único que le parecía que iba por buen camino es Sharevibe, de la misma marca que el anterior pero “a ver quién se atreve con eso… La que lleva la parte más gruesa tiene que tener una musculatura vaginal muy en forma para sostener el juguete sin que se caiga, y encima meter y sacar el extremo. Un poco lío. Yo hago ejercicios de kegel y no fui capaz de usar este juguete en condiciones. Como dije en una reseña: el extremo gordo es perfecto para usarlo como mango, y ya está”.

Y ante todos éstos surgen los juguetes dobles súper revolucionarios. Valen para dobles penetraciones en una misma y en diferentes personas, por eso son válidos para parejas lésbicas. Una vez más, en la teoría. En la práctica, “yo no lo veo, sinceramente” dice Thais Duthie. “Me parece perfecto para masturbación en solitario: el extremo más grueso vaginal y el más pequeño anal. Si no, otra vez, la que lleva el grande le lleva mucha más ventaja a la otra”

Yo también tengo este juguete y lo uso en sexo compartido, la verdad que nunca en solitario. Está bien que cada una puede tener su extremo. Se lo introduce y con el mando vas cambiando el modo de vibración. Puedes moverte, tienes libertad en las manos y lo que te permita el cable de unión, pero le falta algo. No se siente el movimiento, a veces tienes que tener cuidado cómo te giras para no tirar demasiado y como dice Thais, que las dos vayan sintiendo lo mismo, lo cual es difícil cuando cada parte es diferente.

Nos quedan los arneses normales y corrientes a los que les colocas un dildo o vibrador. Para Thais el mejor es el de BS Atelier, yo no lo he probado, pero cuando alguna vez se me ha ocurrido hacer algún invento… está bien en el momento, pero deja dolor en la zona por las embestidas y esto ocurre también con los que venden en los sexshop. Generalmente están pensados para un juego fetichista y no particularmente para el disfrute de dos mujeres.

Las lesbianas en los sexshops

¿Dónde está la zona lésbica? Como las lesbianas somos mujeres, solo hasta que leas a Monique Wittig, nuestros juguetes son todos los pensados y diseñados para mujeres. Cuando buscas un dildo doble, un arnés o un juego que sirva para dos mujeres tienes que dirigirte hacia la parte de fetichismos. No hay una sección clara para nosotras.

Para los gays la hay, suele haber un rinconcito para sus juguetes sexuales, anales principalmente. Para los nuevos juguetes para parejas se ha creado ese espacio. Pero para encontrar algo que nos valga hay que preguntar a la o el dependiente para que nos oriente de entre todo lo que hay, qué podemos aplicar a nuestras relaciones.

Pero esto no ocurre solo con la juguetería erótica. También sucede con los juegos y lencería. Mónica cuenta que ha ido a varias tiendas de productos sexuales y eróticos en busca de un juego de cartas erótico, “he ido a muchos y en todos me dicen lo mismo, que no hay para mujeres. La solución que me dan es que compre unas para heteros y que lo hagamos con un vibrador. Pero no es lo mismo, no es para nosotras”. “Me sorprende mucho que no me ha pasado solo en uno, sino que soy incapaz de encontrar una tienda que las tenga y la respuesta que me dan siempre es la misma”.

En cuanto a la lencería sucede lo mismo. ¿Os habéis fijado que siempre es del mismo estilo? Soy una fanática de la ropa interior y afortunadamente puedo encontrar lo que me gusta en tiendas no especializadas, pero si te gusta algo diferente, siendo mujer, ni siquiera en las love store lo ofrecen. La línea siempre es la misma. ¿y el público? también. Y para encontrar algo alejado de esa línea femenina estándar tienes que ir a los productos “fetichistas” de nuevo.

Hasta el packing y marketing de los productos es poco inclusivo. Ahora los juguetes se presentan de una forma más elegante y ya no hay fotos explícitas, por lo general, en las cajas, pero la forma de venderlos y anunciarlos sigue siendo normativa y heterosexual. Y si buscas un producto de gama media a precio asequible entonces sí que olvídate. “A ver de dónde sacan nuestras lectoras el presupuesto. Los arneses que acostumbro a ver en tiendas que son más baratos son muy malos de calidad y apenas sujetan” apunta Thais Duthie.

El tema de la erótica ya sea a través de revistas, películas, cómics, libros… es otro gran tema a tratar. Los que representan sexo lésbico no lo hacen pensando en un público lésbico, sino como algo morboso y que nos puede poner a todos. Los productos creados exclusivamente para las lesbianas son muy escasos y difíciles de encontrar.

Como anécdota, en mi última visita a Berkana, en Madrid, estaba encantada con todo lo que vi, pero me decepcionó ver que la parte final de la tienda estaba llena de productos eróticos audiovisuales para público gay (solo hombres) y no había lo mismo para lesbianas. Para encontrar un cómic erótico lésbico he tenido que hacer una gran investigación por Internet y ver dónde podía conseguirlo, porque no es algo “corriente”.

Cuando creas un producto lo diseñas pensando en el público al que te quieres dirigir. Entonces lo único que me queda preguntar es: ¿nadie quiere crear productos para lesbianas?

¿Por qué?

 

 

Concurso copa MeLuna y Ars Eroticas

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¿Quién gana?

La foto más divertida, cómica u original.

 

El concurso empieza hoy hasta el 27 de noviembre a las 12 de la noche. 

 

¡MUCHA SUERTE!

A-filiame a ti | Parafilias en el DSM

Ayer en la clase del curso que estoy haciendo de monitora de educación sexual en el centro de psicología Gurenduz, salió el tema de las parafilias y con ellas conocimos el DSM, el libro que contiene la clasificación de todos los trastornos mentales. Me quedé alucinada con el contenido de este librito. Digamos que es muy curiosa su manera de describir los trastornos y la clasificación que se hace de ellos.

Si no sois psicólogxs probablemente os preguntaréis qué es esto, yo también lo hice porque como estoy en proceso de aprender más sobre sexología, todavía no había llegado a ver en primera persona el manual por excelencia para lxs sexólogxs. El DSM es el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de ahí las siglas, lo que en castellano traducimos como Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Aunque es de uso internacional, la OMS, Organización Mundial de la Salud, recomienda el uso del sistema denominado CIE-10acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades cuyo uso está generalizado en todo el mundo.

Podemos decir que el DSM es más o menos la Biblia de la psicología. Está editado por la Asociación Estadounidense de psiquiatría y ahora mismo está vigente la quinta edición. Este manual fue creado con el objetivo de facilitar a los profesionales de la salud el diagnóstico de enfermedades.

¿Enfermedades? ¿parafilias? ¿trastornos?

Sí, así. Todo junto. Bueno en este manual aparecen todo tipo de trastornos, pero vamos a lo que nos interesa. Los trastornos sexuales y de la identidad sexual. Según el DSM hay tres tipos: trastornos sexuales, parafilias y trastorno de la identidad sexual (disforia de género).

Vamos a centrarnos en las parafilias (palabra proveniente del griego παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía: ‘amor’) A raíz de intentar describir que es el sadismo surgió la consulta de este libro. Y dice así:

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actos (reales, no simulados) en los que el sufrimiento psicológico o físico (incluyendo la humillación) de la víctima es sexualmente excitante para el individuo.
  • Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. (Esto se añade a todas las acepciones)

O sea que si han sido menos de seis meses puedes estar tranquilx que ya no eres sádicx. Si son solo fantasías también, no lo saques fuera y ya está, así nadie te mira raro.

Pero hay términos muy curiosos como Frotteurismo. Dice así:

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes e impulsos sexuales o comportamientos ligados al hecho de tocar y rozar una persona en contra de su voluntad.

Me surge la duda de si en este caso se queda solo en la fantasía o se hace real, porque no se yo como lo ven lxs del DSM, pero ¿puede que sea una violación? no sé, digo…

Pero esperad que os voy a poner una muy buena Fetiche Travestista.

  • Durante un período de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el acto de transvestirse, en un varón heterosexual.

Qué respiro, si eres gay, lesbiana, bisexual o tienes cualquier otra orientación que no sea la hetero ya no entras dentro de esta parafilia. Si es que nos preocupamos por nada.

Masoquismo sexual.

  • Durante un periodo de al menos 6 meses, fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican el hecho (real, no simulado) de ser humillado, pegado, atado o cualquier otra forma de sufrimiento.

Si todo solo pasa en tu cabeza no es nada, no hay de que preocuparse, es como si no te gustara, es solo que aparece alguna vez.

Aquí podéis leer con más detenimiento todas las definiciones que se incluyen en el manual.

¿Soy yo?

No sé si tal vez es mi desconocimiento, pero me chirrían un poco las descripciones de las supuestas parafilias. Para considerar una conducta como parafílica, ésta debe involucrar a personas no consientes de ello y además debe de afectar de forma negativa  a la vida del practicante. Por lo tanto, si tienes una filia, la realizas solx o con alguien que sí da su consentimiento, no debería haber ningún problemas.

En mi opinión, el problema reside en que cuando se hace algo fuera de “lo normal” entonces ya hay que catalogarlo de alguna manera. Si me gusta que me peguen mientras tengo sexo o me gusta ver determinadas acciones que no están dentro de lo común, es que algo tengo estropeado en la cabeza. Por ejemplo, es algo demasiado común pensar que como soy sádicx tuve una infancia difícil, violenta o que me ha provocado un trastorno. ¿No podemos pensar que simplemente hay muchas maneras de disfrutar y cada persona elige la suya?

Como dato gracias a la presión y protestas de la comunidad LGTBI el DSM sacó a la homosexualidad de sus páginas en 1973, en la segunda edición, que hasta ese momento consideraba como una enfermedad mental. Pero aún así este manual no tiene la aprobación de todo el mundo, no me extraña la verdad, yo aún sigo en shock, y hay documentos que siguen luchando para que se regenere su contenido y sean eliminadas algunas categorías. 

¡Será plátano el exhibicionista!

 

 

Calma nena, la regla puede ser mejor | Copas menstruales hay más de una

Ya ha pasado Halloween, la sangre y los sustos, pero parece que en tu baño sigue la fiesta porque, a primera vista, es el escenario de La matanza de Texas. ¿Por qué? porque ha venido tu querida amiga la menstruación y tú te has puesto a experimentar con nuevos modos de mantenerla entre tus piernas. Sabes de qué te hablo, ¿verdad?

Ilustración de La Lila, ilustradora feminista

Hace no mucho leí un post de una chica que harta de que todo el mundo le hablara de lo maravilloso que es usar la copa menstrual se atrevió a comprarse una y probarla. El resultado no fue nada satisfactorio y como os podéis imaginar su opinión sobre las copas menstruales pues no era muy buena. “Acusaba” a las defensoras de la copa de que no contaban toda la verdad, que todo parece muy bonito pero que luego no es así. Y puede que tenga algo de razón. Hace tiempo yo empecé con una y la verdad que le di puntos positivos, pero hay que ser sinceras, también los tiene negativos y al principio cuesta hacerse, sobre todo para sacarla y meterla.

Tiene razón, es incómoda y bastante escandalosa usarla en baños públicos. Si no tienes el lavabo al lado ya empiezas a agobiarte pensando a ver cómo lo haces para vaciarla, no olvidarte de llevar agua para limpiarla y volver a ponerla sin que montes el escenario de una peli de terror. Y… que la coloques bien, la sientas cómoda, no te haga daño y sobre todo, olvidarte de la constante paranoia de ¿me estaré manchando?

La copa menstrual vs tampones y compresas

Modo tampón. Cual chica de anuncio de tampones tu coges el tuyo, te lo guardas en el bolsillo, no sea que llames demasiado la atención (léase con ironía e indignación) y te vas al baño. Bajas la ropa, las bragas, te sientas, tiras, sacas, echas a la basura, abres, echas a la basura, metes, sube las bragas, sube la ropa, tira de la cadena, lava las manos y lista.

Modo compresa. Baja la ropa, baja las bragas, la quitas, echas a la basura, abres, tira envoltorio a la basura, pégala, espera me he equivocado mierda las compré sin alas, ah no esta vez lo he hecho bien, pero qué c… le pasa, por qué no pega, venga mantente ahí, no te muevas, límpiate, sube las bragas, sube la ropa, tira de la cadena, lávate las manos y lista.

Modo Copa (versión beta). A ver… parece que no he manchado mucho, alguna gota. Mete el dedo, igual dos, un poco más, sí ahí parece que pierde el vacío, ahora llega la hora de poner en práctica las lecciones de pilates y suelo pélvico, empuja un poquito… tira a la vez. Joe sí que estoy musculada ahí dentro (nota mental no quejarse más de la flacidez de mis brazos, centrarse en la fortaleza de mi vagina), un poco más de esfuerzo titánico y por fin fuera. Buff, a ver ahora voy al lavabo la limpio y de nuevo, a ver si me acuerdo cómo la doblé antes, hago una flor preciosa con ella y adentro. Arriba bragas, ropa, tira de la cadena, me lavo las manos. Comprobación, comprobación, parece que se extiende, me hace el vacío, no me dice nada, no parece que caiga. Venga, lista. ¡Espera! reconocimiento del lugar de los hechos, no hay restos de regueros de sangre, ni taza del baño manchada ni coágulo en el lavabo. Ahora sí, lista.

5 minutos después… voy hacer un pis rápido para ver que no esté chorreando.

Modo Copa (versión me siento súper bien con ella). Baja la ropa, baja las bragas, mete el dedo modo gancho, empuja un poquito, adiós vacío, músculos activados, tiro de su palito… y fuera. Vertido sobre el baño, me limpio, me acerco al lavabo, la enjuago, la doblo como yo sé y para adentro. Subo las bragas, la ropa, tira de la cadena, lávate las manos y lista.

¿El balance? que cada una elige lo que más le gusta y cómodo le resulte. Con los modos A y B nótense los residuos que se generan cada vez que vamos al baño a cambiarnos, sin embargo con la copa lo que más cuesta es el periodo de adaptación, pero generamos 0 residuos. Ya sé que ésto no es importante ni una prioridad para todas, pero si lo es, es una buena manera de reducirlos.

Síndrome del Shock tóxico

Con el uso de la copa menstrual no solo se reducen los residuos sino que también disminuyen los productos tóxicos que nos metemos con cada tampón y compresa. Como ya sabéis no mola nada todo esto de la sangre, la naturalidad y aceptar que las mujeres menstruamos, que es un proceso natural y necesario, así que mejor lo blanqueamos todo bien, aunque sea a base de lejías y tóxicos para hacer que todo parezca mucho más limpio.

A todas nos suena el SST, Síndrome de Shock tóxico, y cuando tenemos un tampón en la mano empezamos a pensar en todo lo que lleva ahí en su inocente apariencia, en lo que suelta cuando nos chupa y en si nos puede pasar algo. Sí, el síndrome existe, los tampones y compresas tienen sustancias nada beneficiosas para el cuerpo, pero también es cierto que el riesgo de sufrir unas consecuencias graves es bajo.  El SST es una enfermedad causada por unas toxinas producidas por la bacteria Straphylococcus aureus, esta bacteria es un micro-organismo que se encuentra en el cuerpo de las personas sanas de forma natural, habitualmente en la piel, nariz, axilas, ingles y vagina. Normalmente esto no supone un problema. El riesgo de SST menstrual relacionado con los tampones está asociado a la absorción: a mayor grado de absorción del tampón, mayor riesgo de contraer la enfermedad y viceversa por eso es importante utilizar uno adecuado al flujo.

Aunque el riesgo sea muy bajo yo lo de los productos que llevan no me lo quito de la cabeza (paranoias mías).

Mi copa menstrual y yo

Ahora mismo tengo 2 copas menstruales. Meluna, me ofreció probar una de sus copas y, como he tenido problemas con la primera, acepté porque quería comparar, que aunque todas parecen similares hay diferencias entre unas y otras.

Desde el principio para mí ha sido muy sencillo usarla, sí que que me cuesta a veces sacarla, pero por lo general estoy contenta. Es cierto que normalmente no tengo muchísimo flujo. Mi primera copa menstrual, de Iris Cup, es bastante blanda, se adapta bien pero su rabito me ha dado problemas. Está hecho como de pequeños círculos entre los que hay un espacio, pues bien, de tirar para sacarla se me ha ido rompiendo hasta quedarse justo la parte que sobre sale de la base de la copa. No sé muy bien por qué. Me he culpado a mi misma porque, como a veces me cuesta, tiendo a tirar muy fuerte y tal vez le hinco un poco la uña. Miradla.

Al estirar se rompe entre las uniones

Cuando me llegó Me Luna noté que al simple tacto es diferente. La silicona es más gruesa que la anterior, el reborde más duro y también cuesta un poco más doblarla. La primera vez que la usé me resultó muy incómoda. No me acostumbraba a ella. Estaba dura, me hacía daño porque la notaba demasiado rígida dentro y no terminaba de colocarla bien. Su forma es más redondeada que la otra, aunque tienen la misma talla, ésta es más achatada y la otra tiene una forma más de copa de vino digamos, más alargada. A simple vista no lo parece mucho, pero yo sí que lo notaba.

El primer uso fue malo, me manché, me sentía incómoda… como que no me encajaba. Pero insistí. Combiné los cambios, cuando con ésta no estaba a gusto me ponía la “vieja” y al hacer cambio volvía a Me luna y así fui adaptándola a mí y yo a ella. ¡Qué bonito verdad!

Aunque colocada no estaba 100% cómoda sorprendentemente su círculo de base hace que quitarla sea infinitamente más fácil de sacar. Estaba dividida. Dentro, no muy bien, pero es que sacarla ¡era genial! y con la Iris Cup me cuesta un montón.

Dos copas, dos formas

Tras un par de periodos ya somos mucho más amigas y ya la siento más mía. Ha cogido forma, se coloca muy bien y no me cuesta nada sacarla (punto súper importante).

Me Luna me gusta porque su forma es muy sencilla y porque ofrece, además de varios tamaños, que esto lo hacen todas, varias texturas. Hay Soft, más blanda y elástica, Classic, para la mayoría de las mujeres con una sensibilidad normal y Sport, más dura que la classic y hecha para pelvis muy entrenadas. Yo tengo la Classic y creo que me vendría mejor la Soft porque la noto demasiado rígida para mí. Pero como os digo, se me ha ido adaptando. Y en cuanto a los tamaños, hay talla S, M, L y XL. Depende del flujo menstrual de cada mujer, de la altura, la complexión, de si has tenido uno o varios partos… en su guía lo explica muy bien.

¿Qué copa es la mía?

Pero nada es absoluto y cada una de nosotras podemos elegir lo que más nos guste y se nos adapte mejor. Si los procesos de adaptación a cualquier método son duros, don´t worrry! todo lleva su tiempo. No te agobies, cógela y déjala cuando quieras y ya irás mejorando.

 

 

La heterosexualidad impuesta, así nos sentimos.

Ninguno de mis ginecólogos me ha hablado de estas cosas, tan solo preguntan por embarazos”

 

Hace aproximadamente un mes tuve mi cita de revisión con la ginecóloga. Desde hace unos años estas revisiones se hacen cada 3 años y en el sistema de salud vasco si no tomas pastillas anticonceptivas ni has tenido embarazos ya no formas parte de planificación familiar, sino que pasas a que la matrona tan solo te tome muestra (cuando sea necesario por una dolencia) y te examine . Pero esto no es de lo que os quiero hablar hoy, porque en cada comunidad el sistema sanitario es diferente, sino de cómo a las mujeres que tenemos sexo exclusivamente con mujeres o con mujeres y hombres se nos invisibiliza y no se nos informa de los riesgos de contagio y métodos de protección en las relaciones sexuales. 

Hace unos días en algunos medios de comunicación se alzó la voz por la heteronormatividad impuesta que sentimos y al leerlo me sentí totalmente identificada. En mi visita a la médica sus preguntas fueron si mantenía relaciones sexuales, dije que sí, si utilizaba alguna protección, respondí que no y entonces me pregunto ¿estás buscando?. Obviamente sabía a lo que se refería. Negué. Y entonces me preguntó que si mantenía relaciones y no quería quedarme embarazada, por qué no tomaba anticonceptivos o usaba condón, a lo que yo respondí que mi pareja actual es una mujer. Su respuestas fue ah mira eso que te ahorras. Tras la inspección salí pensando que no me había preguntado si era una pareja estable, si conocíamos nuestros historiales sexuales, si también manteníamos relaciones fuera de la pareja… nada. Y por supuesto para ellxs no hay métodos de protección más allá de la píldora y el preservativo masculino. He mantenido relaciones sexuales con hombres desde que era joven, más adelante empecé a compartir mi vida sexual también con mujeres y los métodos utilizados han ido cambiando. La píldora ha sido mi compañera desde los 18 años por tener ovarios poliquisticos y el resto de precauciones han ido surgiendo según el tipo de relación. Una vez en una relación estable con una mujer, ya mi sexo ha dejado de contar.  ¿Por qué el expediente sexual a lo largo de la vida no cuenta? ¿a caso no repercute en nuestra salud de hoy?

Seguí dándole vueltas y me di cuenta de que yo, que tengo un blog de sexo y el sexo todo el día en la boca, no conocía de cerca todos los métodos que hay para la protección sexual entre mujeres y bisexuales. Pero no soy solo yo, sino que abrí el debate, pregunté y he recibido muchas respuestas sobre cómo nos sentimos las mujeres en el sistema sanitario. Nos sentimos obviadas, no hay ninguna información sobre qué métodos se pueden tomar, cómo utilizarlos y la información brilla por su ausencia. Pero no sólo la médica, sino que los estudios sobre ETS y otros contagios sexuales en parejas lésbicas y bisexuales es casi inexistente.

Degenerando Bs As

Mi historia sirve para hacer ver que las personas tenemos un currículo sexual que debe estar presente en los exámenes ginecológicos y que cada persona tiene una historia detrás que marca su presente. pero como la mía hay muchas más.

Fenix, ha mantenido relaciones sexuales con mujeres y hombres y no siempre se ha sentido cómoda en las visitas médicas. “En mi caso he tenido dos ginecólogos, el primero no respetaba mi intimidad y decidí cambiar. Con el segundo me siento más cómoda, siempre me ha hablado abiertamente de ETS y riesgos, eso sí, siempre respecto a los hombres. Cuando le comuniqué que mi pareja era una mujer, no se sorprendió y me dijo: bueno, pues menos riesgos; pero no me informó de nada en especial, ni modificó la ficha que a priori era para mujeres heteros”.

“Hace años que tomo la píldora por tener los ovarios poliquisticos (no como anticonceptivo) y simplemente hemos seguido igual. No me ha informado de los riesgos que se dan en el sexo entre mujeres ni los métodos para protegernos. Nosotras nos hacemos una analítica completa, y tenemos mucho cuidado con los juguetes sexuales, los lavamos antes y después y los desinfectamos antes y después de cada uso también. Pero es algo que es iniciativa propia y que nunca nos han recomendado”

Laura afirma que ha tenido diferentes experiencias a lo largo de su vida al acudir a ginecólogos. “Tengo 28 años y llevo acudiendo desde los 14 años por problemas de irregularidad en la regla. Tengo la sensación aún hoy de que lo que más les interesa a los ginecólogos con los que yo he tratado es el aspecto puramente reproductivo y cuanto más mayor me hago más lo noto”. “Actualmente voy 1 vez al año a una consulta privada porque considero que con mi actividad sexual realizarme una revisión completa, citología incluida, en la Seguridad Social cada tres años es escaso y pone en peligro mi salud. Entiendo los riesgos que corro al practicar el intercambio de parejas con hombres y con mujeres por mucha protección con métodos de barrera que ponga. Así que, aunque supone un gasto extra, es algo en lo que invierto con mucho gusto.  Solo he tratado con una doctora que realmente me haya hecho sentir cómoda a la hora de explicarle mis dudas o miedos con total naturalidad, me hizo las pruebas oportunas, la enfermera salía de la consulta y la confidencialidad era total; y nunca dio por hecho que tuviera que ser madre en un futuro”. “A la única ginecóloga que le conté que practicaba sexo con hombres y con mujeres fue a mi doctora anterior. Ella sí se interesó por informarme sobre las opciones que tenía disponibles más allá de la píldora. En la última visita, mi actual doctora no me hizo ningún historial, se limitó a informarme de que tenía vaginosis bacteriana, de lo que tenía que hacer para curarme y de que perdiera peso si quería quedarme embarazada. La verdad es que salí de allí teniendo bastante claro que no quería volver a la consulta con esa doctora. Quizás, la mejor experiencia que he tenido en este aspecto ha sido recientemente en una de las unidades de prevención y diagnóstico de ITS que me encontré en mi barrio en Madrid. Cada año más o menos acudo al Centro Sanitario Sandoval para realizarme pruebas de ITS pero por primera vez decidí hacerme las que ofrecían en este servicio en la calle. Sin necesidad de tener que explicar yo mi situación particular me ofrecieron información sobre las posibles enfermedades de transmisión sexual que podrían tener un contagio más frecuente con hombres y con mujeres. Me hablaron de la vacuna de la Hepatitis A y los beneficios que tendría en mí al practicar sexo anal, uno de los canales de contagio más frecuente. Fue la primera vez que un profesional sanitario me habló de los rectángulos de látex. También me recomendaron una guía específica sobre relaciones sexuales entre mujeres que estaba a disposición de la ciudadanía de manera gratuita”.

También Sofía admite que las veces que ha acudido a la ginecóloga no se ha sentido arropada ni informada. “Las únicas preguntas que me han hecho han sido si mantenía relaciones sexuales continuas con una única pareja sexual o si por el contrario eran esporádicas. En ese momento mantenía relaciones esporádicas y automáticamente me recomendó tomar la píldora anticonceptiva”. “Con esto estaba presuponiendo que mantenía relaciones sexuales sólo con hombres y, además, me preocupó mucho que no se informara más allá de un posible embarazo no deseado y que no me informara sobre posibles ETS o cualquier otra cuestión. Por lo tanto, y con todo esto, el sistema sanitario no alberga la opción de las mujeres que mantenemos relaciones sexuales con otras mujeres. No se nos informa sobre los métodos de protección que debemos usar ni sobre cuestiones que nos atañe. Yo todo lo que sé sobre protección y sexo entre mujeres es porque me he interesado en saber y conocer los límites de mi sexualidad. Me siento impotente y a menudo rabiosa por que el movimiento por los derechos de la comunidad LGTBIQ sí que ha conseguido de cierto modo que las relaciones sexuales entre hombres tengan cubiertas las necesidades sanitarias, por así decirlo veo más concienciado al Sistema en esta cuestión que en la nuestra”.

“Armarizada” es el término que utiliza Ana para expresar cómo se siente cuando va al ginecólogo. “En vez de preguntarte directamente si eres activa sexualmente, te preguntan si tienes novio. Y eso implica dos cosas: que se presupone que no puedes disfrutar de tu vida sexual si no tienes una relación monógama tradicional y que eres heterosexual, sí o sí. Con estas premisas no me apetece aclararle a mi médico mi realidad; no me siento segura. Cuando informo de que tengo relaciones con mujeres lo único que me dicen es si ella se hace las pruebas de ETS, así que me he ido informando por mi cuenta”. La sexblogger Thais Duthie siente que sus experiencias siempre han sido negativas “sufro dismenorrea y la única solución que me dan son los anticonceptivos. Y yo, que teniendo sexo con una mujer no voy a quedarme embarazada, considero que no es una solución real. Pero insisten mucho en que los tome… y a mí todavía me enfada más pensar que hemos viajado a la Luna, pero no hemos podido tomarnos un tiempo para investigar los dolores menstruales de algo cotidiano, que nos afecta a todas las mujeres en mayor o menor medida”. “Todo lo que sé sobre métodos de protección lo he aprendido por mi cuenta. Es difícil encontrar la información y ciertos profesionales no tienen ni idea. Ninguno de mis ginecólogos me ha hablado de esto, tan solo preguntan por embarazos”.

Pero no es solo la poca información recibida lo que nos hace sentirnos así, a veces las consultas se convierten en una situación violenta y desagradable, como le ocurrió a Ana, “tuve una situación incómoda con una médica de familia que me dijo algo así como si no hay penetración, no hay sexo, por tanto no hay riesgo de transmisión. A Laura su médico le dijo que por ser una niña bien seguramente no tendría nada. Para evitar estas situaciones, “cuando era más joven optábamos por donar sangre y así nos llegaba a casa una carta o un mensaje al móvil donde con total intimidad confirmábamos si padecíamos alguna de las ETS que ellos comprueban tras la donación” recuerda.

Comparto completamente el sentimiento de Sofía cuando dice que se siente impotente, como mujer bisexual y feminista, “veo que todavía no se concibe que una mujer no tenga relaciones falocéntricas o que pueda tener con hombres y mujeres”.

Somos invisibles premeditadamente porque el sexo entre mujeres, es sexo sin función reproductora y sin penetración no interesa. Necesitamos información porque el contagio entre mujeres existe y va mucho más allá de las ETS y embarazos no deseados, el condón y la píldora anticonceptiva no es la única barrera que se puede usar para evitar contagios.