Los juguetes sexuales no son para lesbianas

¿Quién diseña los juguetes sexuales?

¿Te lo has preguntado alguna vez? Nosotras sí. Cada vez que queremos comprar algo nuevo para compartir con una pareja sexual. Cada vez que buscamos un juguete o que sacamos del cajón el que ya tenemos, nos hacemos esta pregunta. ¿Quién ha pensado que este juguete, que me vendieron como ideal para parejas lésbicas, es realmente útil y satisfactorio?

Siendo sinceras, los juguetes sexuales en su mayoría están pensados para el público femenino. Mujeres heterosexuales, bajo una mirada masculina o mujeres que satisfacen el deseo en solitario. Desde hace unos años, no demasiados, la juguetería erótica están creando cada vez más sextoys para hombres y para parejas. Parejas. Sí. ¿Qué parejas? Parece que la revolución está en los juguetes que sirven a la vez para los hombres y las mujeres que tienen encuentros eróticos juntos. Pero, ¿qué hay para las parejas homosexuales? Las empresas de juguetes han creado un nicho especial para los gays a los que les ofrecen juguetes específicos para ellos y así los venden. Es un mercado que funciona, que vende y que tiene unos productos que se diseñan en exclusiva para ellos. Vale, estos también pueden utilizarlos hombres no gays e incluso introducirlos en una relación sexual no exclusivamente gay, pero eso ya es otra historia. Y se acabó.

Para las parejas lésbicas se recomiendan los juguetes diseñados para mujeres, los creados para la doble penetración y generalmente los arneses o strapon. ¿Por qué? Porque no hay unos productos exclusivos, pensados y diseñados para las parejas de mujeres. En primer lugar se supone que todas deseamos la penetración. La penetración con un juguete de forma fálica, y si no, atrévete a encontrar algo que no lo sea. Se nos ofrecen dobles dildos para satisfacer esta supuesta necesidad sexual. Arneses para cubrir la inculcada fantasía de que nos gusta sentir el poder de embestir y juguetes polivalentes, es decir, que sirven para penetraciones anales, vaginales, para todo tipo de parejas… y así ya está la necesidad cubierta. Como sirve para todxs, no hay que darle más vueltas. Pero el quid de la cuestión no es que sirvan o no, es que realmente cumplan la función que se les supone y que sean cómodos y satisfactorios para las lesbianas.

Dildo o cachiporra
Dildo o cachiporra. El dildo doble clásico al más puro estilo porno

¿Esto es solo cosa mía o nos pasa a todas?

Tengo un gran fondo de armario de juguetería erótica, lo admito. Mirando, revisando y tras las relaciones sexuales compartidas me di cuenta de que entre todo lo que tengo solo uno nos era satisfactorio para usar conjuntamente. Me lancé a preguntar si esto me ocurre a mí sola o también les sucede a otras parejas lésbicas y la respuesta fue abrumadora. Todas las mujeres que se han puesto en contacto conmigo coinciden en que se sienten realmente frustradas a la hora de encontrar un juguete que les guste y les sirva de verdad.

Andrea y su pareja querían lanzarse a probar nuevas experiencias, pero su deseo se quedó por el camino. “Hace poco quisimos experimentar con algún juguete y nos encontramos con que casi no hay dildos dobles, y los que hay suelen tener la mayoría forma de pene. Nos costó horrores encontrar uno que no tuviera un tamaño desmesurado y que tuviera forma hergonómica, y es realmente frustrante”. “No es que tengamos fobia al pene, pero siempre es lo mismo, el falo como centro de todo el placer y en este caso de nuestros juguetes sexuales”.

Marian y Claudia utilizan juguetes de vez en cuando como complemento a sus relaciones. “Los gustos van variando y vamos probando”. “Lo que no nos gusta es la falta de realismo, no estético, sino más bien en la textura, la densidad o la ergonomía de los juguetes”. “No nos atrae la idea de ponernos arneses, son aparatosos e incómodos por eso a veces usamos dildos dobles, pero cuando hay mucha excitación o el sexo es más duro, el dildo doble sin sujección se resbala constantemente y tienes que estar agarrádolo con una mano. Al final, te resta libertad para hacer otras cosas y no estás cómoda”.

No son solo los juguetes lo que no está adaptado. Mónica y Lucía se iniciaron en la juguetería con unas fundas para dedos. “Queríamos algo diferente para probar. Compramos unas con relieves, pero no sabemos si es porque están pensadas para dedos masculinos, nos quedan grandes y se nos caen. Hemos probado a meter dos dedos en una para evitarlo, pero no caben. Por lo que para nosotras ya es algo descartado”. “Los vibradores tampoco nos convencen. Queremos algo exclusivo para nosotras, algo que no simule un pene”. Al igual que Marian y Claudia sostienen que el tacto de los vibradores no les agrada, “antes de comprar uno toqué muchísimos… pero nada, son las texturas, que no me atraen” confiesa Mónica.

Thais Duthie, la escritora y sexblogger, ha probado casi de todo. Cuando le pregunté si creía que existían juguetes para lesbianas me respondió que “existen, pero de aquella manera”. “Seguro que sí los han diseñado pensando en dos mujeres teniendo sexo, pero lo han hecho en el más puro estado de desconocimiento”.

Pasa como con las películas porno lésbicas mainstream. ¿Quién las hace? ¿para qué público y con qué objetivo? Ahí está la respuesta. Detrás de todo está el pensamiento heterosexual que, igual que en un rodaje, en el diseño de un juguete, lo que se hace es especular e intentar acertar qué es lo que va a gustar y no cubrir las necesidades reales. Heterosexuales pensando en un público lésbico. 

“Mi experiencia es que ningún juguete que yo haya probado ha sido diseñado exclusivamente para lesbianas, y si lo ha sido no es funcional, tienen fallos” añade Duthie. Me pone como ejemplo algunos de los juguetes que ha probado y que se supone están pensados en parejas lésbicas. Los famosos dobles dildos “El primero que probé fue New Wave de Fun Factory, es extraño que cada extremo sea diferente, uno es más grueso que otro. Las sensaciones son muy diferentes para una y para la otra y la parte central es demasiado blanda y no se sujeta demasiado bien, aunque es un buen intento”.

Los arneses sin correas parecían ser la solución a todos nuestros problemas. Cómodos, te sientes libre y disfrutan las dos. Ya, será en teoría porque en la práctica mi experiencia es como la de Marian y Claudia, se resbala, los músculos pélvicos tiene que tener la fuerza de Thor para mantenerlo siempre en su sitio y además, no tienen el tamaño idóneo para satisfacer a las dos. Thais dice que de esos el único que le parecía que iba por buen camino es Sharevibe, de la misma marca que el anterior pero “a ver quién se atreve con eso… La que lleva la parte más gruesa tiene que tener una musculatura vaginal muy en forma para sostener el juguete sin que se caiga, y encima meter y sacar el extremo. Un poco lío. Yo hago ejercicios de kegel y no fui capaz de usar este juguete en condiciones. Como dije en una reseña: el extremo gordo es perfecto para usarlo como mango, y ya está”.

Y ante todos éstos surgen los juguetes dobles súper revolucionarios. Valen para dobles penetraciones en una misma y en diferentes personas, por eso son válidos para parejas lésbicas. Una vez más, en la teoría. En la práctica, “yo no lo veo, sinceramente” dice Thais Duthie. “Me parece perfecto para masturbación en solitario: el extremo más grueso vaginal y el más pequeño anal. Si no, otra vez, la que lleva el grande le lleva mucha más ventaja a la otra”

Yo también tengo este juguete y lo uso en sexo compartido, la verdad que nunca en solitario. Está bien que cada una puede tener su extremo. Se lo introduce y con el mando vas cambiando el modo de vibración. Puedes moverte, tienes libertad en las manos y lo que te permita el cable de unión, pero le falta algo. No se siente el movimiento, a veces tienes que tener cuidado cómo te giras para no tirar demasiado y como dice Thais, que las dos vayan sintiendo lo mismo, lo cual es difícil cuando cada parte es diferente.

Nos quedan los arneses normales y corrientes a los que les colocas un dildo o vibrador. Para Thais el mejor es el de BS Atelier, yo no lo he probado, pero cuando alguna vez se me ha ocurrido hacer algún invento… está bien en el momento, pero deja dolor en la zona por las embestidas y esto ocurre también con los que venden en los sexshop. Generalmente están pensados para un juego fetichista y no particularmente para el disfrute de dos mujeres.

Las lesbianas en los sexshops

¿Dónde está la zona lésbica? Como las lesbianas somos mujeres, solo hasta que leas a Monique Wittig, nuestros juguetes son todos los pensados y diseñados para mujeres. Cuando buscas un dildo doble, un arnés o un juego que sirva para dos mujeres tienes que dirigirte hacia la parte de fetichismos. No hay una sección clara para nosotras.

Para los gays la hay, suele haber un rinconcito para sus juguetes sexuales, anales principalmente. Para los nuevos juguetes para parejas se ha creado ese espacio. Pero para encontrar algo que nos valga hay que preguntar a la o el dependiente para que nos oriente de entre todo lo que hay, qué podemos aplicar a nuestras relaciones.

Pero esto no ocurre solo con la juguetería erótica. También sucede con los juegos y lencería. Mónica cuenta que ha ido a varias tiendas de productos sexuales y eróticos en busca de un juego de cartas erótico, “he ido a muchos y en todos me dicen lo mismo, que no hay para mujeres. La solución que me dan es que compre unas para heteros y que lo hagamos con un vibrador. Pero no es lo mismo, no es para nosotras”. “Me sorprende mucho que no me ha pasado solo en uno, sino que soy incapaz de encontrar una tienda que las tenga y la respuesta que me dan siempre es la misma”.

En cuanto a la lencería sucede lo mismo. ¿Os habéis fijado que siempre es del mismo estilo? Soy una fanática de la ropa interior y afortunadamente puedo encontrar lo que me gusta en tiendas no especializadas, pero si te gusta algo diferente, siendo mujer, ni siquiera en las love store lo ofrecen. La línea siempre es la misma. ¿y el público? también. Y para encontrar algo alejado de esa línea femenina estándar tienes que ir a los productos “fetichistas” de nuevo.

Hasta el packing y marketing de los productos es poco inclusivo. Ahora los juguetes se presentan de una forma más elegante y ya no hay fotos explícitas, por lo general, en las cajas, pero la forma de venderlos y anunciarlos sigue siendo normativa y heterosexual. Y si buscas un producto de gama media a precio asequible entonces sí que olvídate. “A ver de dónde sacan nuestras lectoras el presupuesto. Los arneses que acostumbro a ver en tiendas que son más baratos son muy malos de calidad y apenas sujetan” apunta Thais Duthie.

El tema de la erótica ya sea a través de revistas, películas, cómics, libros… es otro gran tema a tratar. Los que representan sexo lésbico no lo hacen pensando en un público lésbico, sino como algo morboso y que nos puede poner a todos. Los productos creados exclusivamente para las lesbianas son muy escasos y difíciles de encontrar.

Como anécdota, en mi última visita a Berkana, en Madrid, estaba encantada con todo lo que vi, pero me decepcionó ver que la parte final de la tienda estaba llena de productos eróticos audiovisuales para público gay (solo hombres) y no había lo mismo para lesbianas. Para encontrar un cómic erótico lésbico he tenido que hacer una gran investigación por Internet y ver dónde podía conseguirlo, porque no es algo “corriente”.

Cuando creas un producto lo diseñas pensando en el público al que te quieres dirigir. Entonces lo único que me queda preguntar es: ¿nadie quiere crear productos para lesbianas?

¿Por qué?

 

 

La heterosexualidad impuesta, así nos sentimos.

Ninguno de mis ginecólogos me ha hablado de estas cosas, tan solo preguntan por embarazos”

 

Hace aproximadamente un mes tuve mi cita de revisión con la ginecóloga. Desde hace unos años estas revisiones se hacen cada 3 años y en el sistema de salud vasco si no tomas pastillas anticonceptivas ni has tenido embarazos ya no formas parte de planificación familiar, sino que pasas a que la matrona tan solo te tome muestra (cuando sea necesario por una dolencia) y te examine . Pero esto no es de lo que os quiero hablar hoy, porque en cada comunidad el sistema sanitario es diferente, sino de cómo a las mujeres que tenemos sexo exclusivamente con mujeres o con mujeres y hombres se nos invisibiliza y no se nos informa de los riesgos de contagio y métodos de protección en las relaciones sexuales. 

Hace unos días en algunos medios de comunicación se alzó la voz por la heteronormatividad impuesta que sentimos y al leerlo me sentí totalmente identificada. En mi visita a la médica sus preguntas fueron si mantenía relaciones sexuales, dije que sí, si utilizaba alguna protección, respondí que no y entonces me pregunto ¿estás buscando?. Obviamente sabía a lo que se refería. Negué. Y entonces me preguntó que si mantenía relaciones y no quería quedarme embarazada, por qué no tomaba anticonceptivos o usaba condón, a lo que yo respondí que mi pareja actual es una mujer. Su respuestas fue ah mira eso que te ahorras. Tras la inspección salí pensando que no me había preguntado si era una pareja estable, si conocíamos nuestros historiales sexuales, si también manteníamos relaciones fuera de la pareja… nada. Y por supuesto para ellxs no hay métodos de protección más allá de la píldora y el preservativo masculino. He mantenido relaciones sexuales con hombres desde que era joven, más adelante empecé a compartir mi vida sexual también con mujeres y los métodos utilizados han ido cambiando. La píldora ha sido mi compañera desde los 18 años por tener ovarios poliquisticos y el resto de precauciones han ido surgiendo según el tipo de relación. Una vez en una relación estable con una mujer, ya mi sexo ha dejado de contar.  ¿Por qué el expediente sexual a lo largo de la vida no cuenta? ¿a caso no repercute en nuestra salud de hoy?

Seguí dándole vueltas y me di cuenta de que yo, que tengo un blog de sexo y el sexo todo el día en la boca, no conocía de cerca todos los métodos que hay para la protección sexual entre mujeres y bisexuales. Pero no soy solo yo, sino que abrí el debate, pregunté y he recibido muchas respuestas sobre cómo nos sentimos las mujeres en el sistema sanitario. Nos sentimos obviadas, no hay ninguna información sobre qué métodos se pueden tomar, cómo utilizarlos y la información brilla por su ausencia. Pero no sólo la médica, sino que los estudios sobre ETS y otros contagios sexuales en parejas lésbicas y bisexuales es casi inexistente.

Degenerando Bs As

Mi historia sirve para hacer ver que las personas tenemos un currículo sexual que debe estar presente en los exámenes ginecológicos y que cada persona tiene una historia detrás que marca su presente. pero como la mía hay muchas más.

Fenix, ha mantenido relaciones sexuales con mujeres y hombres y no siempre se ha sentido cómoda en las visitas médicas. “En mi caso he tenido dos ginecólogos, el primero no respetaba mi intimidad y decidí cambiar. Con el segundo me siento más cómoda, siempre me ha hablado abiertamente de ETS y riesgos, eso sí, siempre respecto a los hombres. Cuando le comuniqué que mi pareja era una mujer, no se sorprendió y me dijo: bueno, pues menos riesgos; pero no me informó de nada en especial, ni modificó la ficha que a priori era para mujeres heteros”.

“Hace años que tomo la píldora por tener los ovarios poliquisticos (no como anticonceptivo) y simplemente hemos seguido igual. No me ha informado de los riesgos que se dan en el sexo entre mujeres ni los métodos para protegernos. Nosotras nos hacemos una analítica completa, y tenemos mucho cuidado con los juguetes sexuales, los lavamos antes y después y los desinfectamos antes y después de cada uso también. Pero es algo que es iniciativa propia y que nunca nos han recomendado”

Laura afirma que ha tenido diferentes experiencias a lo largo de su vida al acudir a ginecólogos. “Tengo 28 años y llevo acudiendo desde los 14 años por problemas de irregularidad en la regla. Tengo la sensación aún hoy de que lo que más les interesa a los ginecólogos con los que yo he tratado es el aspecto puramente reproductivo y cuanto más mayor me hago más lo noto”. “Actualmente voy 1 vez al año a una consulta privada porque considero que con mi actividad sexual realizarme una revisión completa, citología incluida, en la Seguridad Social cada tres años es escaso y pone en peligro mi salud. Entiendo los riesgos que corro al practicar el intercambio de parejas con hombres y con mujeres por mucha protección con métodos de barrera que ponga. Así que, aunque supone un gasto extra, es algo en lo que invierto con mucho gusto.  Solo he tratado con una doctora que realmente me haya hecho sentir cómoda a la hora de explicarle mis dudas o miedos con total naturalidad, me hizo las pruebas oportunas, la enfermera salía de la consulta y la confidencialidad era total; y nunca dio por hecho que tuviera que ser madre en un futuro”. “A la única ginecóloga que le conté que practicaba sexo con hombres y con mujeres fue a mi doctora anterior. Ella sí se interesó por informarme sobre las opciones que tenía disponibles más allá de la píldora. En la última visita, mi actual doctora no me hizo ningún historial, se limitó a informarme de que tenía vaginosis bacteriana, de lo que tenía que hacer para curarme y de que perdiera peso si quería quedarme embarazada. La verdad es que salí de allí teniendo bastante claro que no quería volver a la consulta con esa doctora. Quizás, la mejor experiencia que he tenido en este aspecto ha sido recientemente en una de las unidades de prevención y diagnóstico de ITS que me encontré en mi barrio en Madrid. Cada año más o menos acudo al Centro Sanitario Sandoval para realizarme pruebas de ITS pero por primera vez decidí hacerme las que ofrecían en este servicio en la calle. Sin necesidad de tener que explicar yo mi situación particular me ofrecieron información sobre las posibles enfermedades de transmisión sexual que podrían tener un contagio más frecuente con hombres y con mujeres. Me hablaron de la vacuna de la Hepatitis A y los beneficios que tendría en mí al practicar sexo anal, uno de los canales de contagio más frecuente. Fue la primera vez que un profesional sanitario me habló de los rectángulos de látex. También me recomendaron una guía específica sobre relaciones sexuales entre mujeres que estaba a disposición de la ciudadanía de manera gratuita”.

También Sofía admite que las veces que ha acudido a la ginecóloga no se ha sentido arropada ni informada. “Las únicas preguntas que me han hecho han sido si mantenía relaciones sexuales continuas con una única pareja sexual o si por el contrario eran esporádicas. En ese momento mantenía relaciones esporádicas y automáticamente me recomendó tomar la píldora anticonceptiva”. “Con esto estaba presuponiendo que mantenía relaciones sexuales sólo con hombres y, además, me preocupó mucho que no se informara más allá de un posible embarazo no deseado y que no me informara sobre posibles ETS o cualquier otra cuestión. Por lo tanto, y con todo esto, el sistema sanitario no alberga la opción de las mujeres que mantenemos relaciones sexuales con otras mujeres. No se nos informa sobre los métodos de protección que debemos usar ni sobre cuestiones que nos atañe. Yo todo lo que sé sobre protección y sexo entre mujeres es porque me he interesado en saber y conocer los límites de mi sexualidad. Me siento impotente y a menudo rabiosa por que el movimiento por los derechos de la comunidad LGTBIQ sí que ha conseguido de cierto modo que las relaciones sexuales entre hombres tengan cubiertas las necesidades sanitarias, por así decirlo veo más concienciado al Sistema en esta cuestión que en la nuestra”.

“Armarizada” es el término que utiliza Ana para expresar cómo se siente cuando va al ginecólogo. “En vez de preguntarte directamente si eres activa sexualmente, te preguntan si tienes novio. Y eso implica dos cosas: que se presupone que no puedes disfrutar de tu vida sexual si no tienes una relación monógama tradicional y que eres heterosexual, sí o sí. Con estas premisas no me apetece aclararle a mi médico mi realidad; no me siento segura. Cuando informo de que tengo relaciones con mujeres lo único que me dicen es si ella se hace las pruebas de ETS, así que me he ido informando por mi cuenta”. La sexblogger Thais Duthie siente que sus experiencias siempre han sido negativas “sufro dismenorrea y la única solución que me dan son los anticonceptivos. Y yo, que teniendo sexo con una mujer no voy a quedarme embarazada, considero que no es una solución real. Pero insisten mucho en que los tome… y a mí todavía me enfada más pensar que hemos viajado a la Luna, pero no hemos podido tomarnos un tiempo para investigar los dolores menstruales de algo cotidiano, que nos afecta a todas las mujeres en mayor o menor medida”. “Todo lo que sé sobre métodos de protección lo he aprendido por mi cuenta. Es difícil encontrar la información y ciertos profesionales no tienen ni idea. Ninguno de mis ginecólogos me ha hablado de esto, tan solo preguntan por embarazos”.

Pero no es solo la poca información recibida lo que nos hace sentirnos así, a veces las consultas se convierten en una situación violenta y desagradable, como le ocurrió a Ana, “tuve una situación incómoda con una médica de familia que me dijo algo así como si no hay penetración, no hay sexo, por tanto no hay riesgo de transmisión. A Laura su médico le dijo que por ser una niña bien seguramente no tendría nada. Para evitar estas situaciones, “cuando era más joven optábamos por donar sangre y así nos llegaba a casa una carta o un mensaje al móvil donde con total intimidad confirmábamos si padecíamos alguna de las ETS que ellos comprueban tras la donación” recuerda.

Comparto completamente el sentimiento de Sofía cuando dice que se siente impotente, como mujer bisexual y feminista, “veo que todavía no se concibe que una mujer no tenga relaciones falocéntricas o que pueda tener con hombres y mujeres”.

Somos invisibles premeditadamente porque el sexo entre mujeres, es sexo sin función reproductora y sin penetración no interesa. Necesitamos información porque el contagio entre mujeres existe y va mucho más allá de las ETS y embarazos no deseados, el condón y la píldora anticonceptiva no es la única barrera que se puede usar para evitar contagios. 

Soy un fraude | El síndrome de la impostora

Recibo una llamada, un email o veo una oferta de trabajo en la que podría encajar  y automáticamente pienso, y si no sé hacerlo bien. No es lo mismo ponerme detrás de mi pantalla y contaros todas estas cosas, estar presente en las redes y seguir a mi ritmo, que tener entre mis manos algo más importante y serio. ¿Por qué me hago esto? ¿por qué dudo de mi capacidad de trabajo, de mis habilidades? ¿ Por qué siento que cada vez que puedo dar un paso más allá no voy a saber hacerlo y me siento como si estuviera defraudando a otras personas?

Esto no es algo que me pase solo a mí ni a ti. Muchas mujeres de mi entorno con las que he hablado de esto han coincidido conmigo en que al afrontar una nueva situación profesional, se sienten inseguras, dudan de sí mismas y se replantean si sus capacidades son lo suficientemente buenas. En una de estas conversaciones sobre este tema que a todas nos preocupa y contra el que luchamos, salió el término con el que se denomina:  Síndrome de la impostora.

El Síndrome de la Impostora se refiere a la falta de autoestima para desempeñar un puesto en espacios principalmente masculinos; quien lo sufre se siente obligada a esforzarse mucho más de lo habitual. La socialización diferenciada, por la cual hombres y mujeres son educados en roles distintos y en valores distintos, crea el caldo de cultivo perfecto para que las mujeres sientan de forma masiva el síndrome de la impostora. Y esto es lo que ocurre, que muchas mujeres dudan de si podrán o no “dar la talla” en su carrera profesional. Una baja autoestima o una excesiva auto-exigencia influye en este sentimiento por el cual una persona se ve menos cualificada para un puesto, cargo o desempeño dado, que sus compañeros. Según Coral Herrera, doctora en Humanidades y experta en Género y Comunicación, afirma en la revista S moda que “nuestra cultura patriarcal nos enseña que las habilidades femeninas no tienen tanta importancia como las masculinas. Por eso hay labores de cuidado, crianza y domésticas que no se pagan, ni tienen valor social, aunque son imprescindibles para la supervivencia”. Por ello, desde su perspectiva, “el síndrome de la impostora tiene mucho que ver con esta idea de que los hombres lo hacen todo mejor. Hay estudios que explican que las niñas, a partir de los 5 o 6 años, ya tienen la sensación de pertenecer a un grupo inferior. Para ellas las mujeres pueden hacer cosas buenas, pero son los hombres los que destacan”.

En el mismo artículo la psicóloga y sexóloga Cristina Callao dice que “es posible que las personas que sufren este síndrome tengan problemas gastrointestinales, jaquecas, tensión o dolor muscular, insomnio, apatía, conductas de desorden en los hábitos alimentarios, etc. ya que no sabemos manejar estos problemas de autopercepción, autorrealizamiento y perfeccionismo, generalmente por desconocimiento de lo que nos ocurre y nuestro cerebro tiende a manifestar esa angustia en algo palpable”.

El síndrome de la impostora es parte de una construcción social mediante la cual  las necesidades femeninas son menos importantes que las masculinas, por ello algunas mujeres se sienten obligadas a exigir menos, o nada, pero siempre dar más y sus capacidades profesionales son puestas en duda y atribuidas a la suerte o a algún otro factor, olvidando y despreciando el esfuerzo personal de las mujeres.

Por lo general el síndrome de la impostora se atribuye a mujeres con éxito profesional, pero yo creo que no es así, que cualquiera de nosotras realizando cualquier trabajo puede tener este sentimiento. Silvia Nanclares lo explica muy bien en este artículo para el diario.es.

Fuimos niñas de primera fila, a veces de última, porque el malotismo siempre da puntos sociales y hay que saber estar un poco en todo. De mayores invertimos horas y sacrificios para conseguir esos títulos, ese trabajo, esa sensación de bienestar profesional y, ¿ahora vamos a dudar de nuestras capacidades? no, me niego. Como con muchas otras cosas a veces nos asaltan pensamientos que creíamos destruídos pero que nos hacen ver cuánto pesa la educación y el entorno social en el que vivimos. Ya somos fuertes para arrancárnoslos de raíz y reconstruirnos una autoestima y autopercepción mejorada. En el terreno profesional no es diferente. Refuerza tu lado positivo, reconoce lo que se te da bien o mal y quiérete. Quiérete a través de los halagos a tus méritos, déjate halagar y ten presente que cada unx de nosotrxs es diferente, con sus características y que nadie debe ser peor que nadie porque el aprendizaje es continuo y hay tiempo para mejorar y si es el caso para plantarle al detractor de turno nuestras capacidades a la cara.

Lo sé, en la teoría queda muy bonito, pero la realidad es otra. Lo importante es tenerlo presente y ser conscientes de ello porque así habrá oportunidad de mejorar.

Porque nuestras sexualidades se lo merecen | Mujeres sexbloggers

Porque sí. Ya sé que no es una respuesta muy madura. Así de pronto puede parecer una respuesta un tanto maleducada y nada reflexiva, pero os puedo asegurar que lo es. Aunque esta es tan solo mi opinión.

Muchas veces me preguntan por qué no hay casi sexbloggers chicos, por qué hay tantas mujeres que se han lanzado a abrir un blog, un perfil en You Tube o una cuenta en cualquier otra red social contando sus devenires sexuales y aconsejando y dando información y sobre el uso del cuerpo como herramienta de autoconocimiento, empoderamiento y crecimiento personal. Durante la comida en el último sexblogger meeting estuvimos hablando sobre esta cuestión. Uno de los compañeros nos lanzó la pregunta. En mi interior salta ese porque sí, porque nos lo merecemos, pero afortunadamente no siempre digo lo que pienso, aunque debería hacerlo más a menudo y esa pregunta nos llevó a reflexionar. Él nos comentaba que entre su grupo de amigos, que no están profesionalmente dedicados a la sexualidad, eso de tener sexo más allá de la penetración, sentir los momentos e incluso disfrutar de un porno compartido les parecía una absurdez. Ellos querían mantener su porno secreto, a su mujeres en su sitio y ellos en el suyo y que el sexo siguiera siendo como hasta ahora, sin estupideces de esas de accesorios, tantras y otras cosas, supongo que el discurso os sonará. Pero realmente no quiero meterme en ese jardín que es otro con arenas movedizas y del que ya tendremos tiempo de hablar en otra ocasión y por supuesto no tengo ninguna intención de generalizar, porque hay muchos hombres que no piensan de esa manera. De lo que me gustaría hablar hoy es de por qué hay tantas mujeres en el mundo de la divulgación sexual desde muy diferentes miradas.

El pasado día 8 de agosto se celebró el día internacional del orgasmo femenino (y del gato y en spankling también), no soy muy de marcar fechas, porque de qué sirve que ese día todos alcemos la voz por una causa si el resto del año giramos la cara. De todos modos, está bien salir en las redes sociales visibilizando el día y demandando hacernos dueñas de nuestros deseos y placeres. ¿Cuántos años se nos ha negado el placer? muchísimos, siglos de represión sexual, de no te toques, no alardees de tu sexo, guárdate para quien valore tu virtud… y muchas frases más que nos parecen muy antiguas pero no lo son tanto y se siguen oyendo. No me entendáis mal, no tengo nada en contra de los hombres y que los hombres hablen de sexo, visibilicen que tienen muchas formas de darse y recibir placer y que para ellos también hay un mundo erótico del que aún queda mucho por descubrir, me parece fantástico, pero nosotras necesitamos también necesitamos este espacio. Necesitamos salir del círculo de confianza y decir que sí que nos gusta el porno, que nos masturbamos, que no todas somos románticas y no esperamos ni príncipes ni princesas, que no se nos olvida quiénes somos por emparejarnos y que ya es hora de que se nos respeten nuestros espacios y que nos dejen disfrutar de hacer y decir lo que nos de la gana.

El terreno sexual es uno en los que más hemos sido castigadas. Con una sexualidad dirigida a la reproducción, nuestro clítoris ha sido un desconocido hasta no hace mucho y ni que contar el resto de nuestros cuerpos, del cual también se puede recibir placer. Es cierto que desde hace un tiempo ha habido una especie de boom en el que los blogs sobre experiencias sexuales y divulgación sexual han aumentado y esto es muy positivo. Es positivo porque significa que nos estamos dando cuenta de que tenemos mucho que decir y que vamos a gritarle a la sociedad que nosotras somos quienes manejamos nuestros cuerpos, placeres y sexualidades. A este creciente número de mujeres se suman muchas sexólogas que se hacen ver a través de sus trabajos y perfiles sociales y que nos ayudan mucho para seguir haciéndonos conscientes de cómo y qué importante es vivirnos. La multitud de miradas hace que el espacio se enriquezca porque hay muchas maneras de pensarse y todas son respetables.

El mundo de la juguetería erótica también ha tomado conciencia de esto. Desde la creación del primer vibrador para curar histerias, ha sabido ver en el placer femenino un mercado potencial demandante de objetos para disfrutarse. Vale, podemos pensar que claro las marcas lo que quieren es vender y colocarnos esa necesidad de tener vibradores para satisfacer nuestros deseos sexuales, que no es incierto del todo, pero esto nos lo podemos llevar a nuestro terreno. Su intención de ofrecer cada vez juguetes más novedosos es una buena forma de conocernos sexualmente a nosotras mismas. No quiero decir que sin ellos no lo podamos hacer, sí que se puede y debemos alternar las formas de autocomplacernos. Pero, es cierto que es una forma divertida y diferente.

Estoy cansada de oír a chicas “necesito un vibrador porque no quiero saber nada de hombres o porque he dejado a mi novio”. Mi cerebro explota cada vez. Lo hemos dicho muchas veces, NO, tu placer individual no es un sustituto de nada, es tuyo y solo tuyo. Es tu forma de quererte de ver que tienes muchas cosas que ofrecerte a ti misma y que no dependes para nada de un otrx, y mucho menos para aprender a quererte.

Me encanta ver cada vez a más mujeres que nos muestran sus trabajos entorno al sexo y la sexualidad de las mujeres. Estas muestras van desde las que se dedican a hacer dildos artesanales, colgantes en forma de vulva, accesorios eróticos, hasta coser vulvas y clítoris a punto de cruz. Es maravilloso que el círculo se vaya ampliando y que la red de mujeres conscientes crezca. Y es que ya era hora de que nos toque a nosotras, de que no sintamos vergüenza por corrernos, por tener una sexualidad diversa, porque no nos guste la penetración y nos gusten los pies. Nosotras también podemos ser fetichistas de algo, también podemos dominar en el sexo y también podemos tener las cosas claras y decir Sí o No cuando queramos sin que tenga ninguna consecuencia.

¿Parece fácil verdad? pues no lo es. Lanzarte a hablar de sexo es una aventura, decir lo que te gusta y lo que no puede a veces incluso convertirse en un deporte de riesgo. Claro es que somos una guarras, cochinas y busconas diciendo lo que nos pone y cuando tenemos la “suerte” de recibir una fotopolla o un mensaje en el que nos van a hacer morir de placer ¡nos atrevemos a decir que no y a pedir respeto! que cosas, ¿verdad?. Es que solo se nos ocurre a nosotras. Es de sobra sabido que si hablas de sexo eres una folladora empedernida, enferma además, que solo quiere ir provocando y que por supuesto lo haremos genial porque para eso hablamos tanto del sexo, para hacernos expertas en follar.

Cuando comparto este blog con otras mujeres me preguntan, ¿pero y cómo te atreves a contar tu vida sexual y que vea la gente lo que haces? ¡qué vergüenza! Otra vez la maldita vergüenza. Suelo responder,  si nadie lo hiciera seguiríamos pensando que eso que hago yo es raro, que debo esconderme y que no es “normal” esto que me gusta tanto. Las ventanas están hechas para abrirse y respirar, e Internet, con sus cosas buenas y malas, es una gran ventana que nos permite compartir nuestras experiencias para que nadie siga pensando que es un bicho raro y que hay mucha gente que nos puede ayudar y asesorar. Por eso ya es hora de que cojamos las armas y nos lancemos a la batalla de defender nuestro sexo, porque los hombres ya tienen sus espacios (prácticamente todos) en los que a veces nos “dejan” participar bajo vigilancia parental y necesitamos hacernos nuestro hueco y no tener una participación sino la mitad del pastel.

Y ya para acabar este post hecho desde lo más hondo de mi alma feminista y reivindicativa, no debemos olvidar que hay mujeres que comparten su vida con mujeres y que para ellas también es este espacio. La heteronormativización y la vida en pareja lo acapara todo muchas vecen en este tema, pero hay mujeres que no quieren ser pareja de nadie y que su sexualidad no atiende a etiquetas, que no quieren definirse ni sentirse dentro de ninguna categoría y ellas también merecen un espacio.

Porque sí, porque nos lo merecemos, porque debemos tomarlo si pedir permisos, sin pensar en más allá porque ya es hora de que nuestro sexo sea nuestro, de que nos vivamos y nos dejen vivir. Porque esta también es una forma de autocuidado.