Recibo una llamada, un email o veo una oferta de trabajo en la que podría encajar  y automáticamente pienso, y si no sé hacerlo bien. No es lo mismo ponerme detrás de mi pantalla y contaros todas estas cosas, estar presente en las redes y seguir a mi ritmo, que tener entre mis manos algo más importante y serio. ¿Por qué me hago esto? ¿por qué dudo de mi capacidad de trabajo, de mis habilidades? ¿ Por qué siento que cada vez que puedo dar un paso más allá no voy a saber hacerlo y me siento como si estuviera defraudando a otras personas?

Esto no es algo que me pase solo a mí ni a ti. Muchas mujeres de mi entorno con las que he hablado de esto han coincidido conmigo en que al afrontar una nueva situación profesional, se sienten inseguras, dudan de sí mismas y se replantean si sus capacidades son lo suficientemente buenas. En una de estas conversaciones sobre este tema que a todas nos preocupa y contra el que luchamos, salió el término con el que se denomina:  Síndrome de la impostora.

El Síndrome de la Impostora se refiere a la falta de autoestima para desempeñar un puesto en espacios principalmente masculinos; quien lo sufre se siente obligada a esforzarse mucho más de lo habitual. La socialización diferenciada, por la cual hombres y mujeres son educados en roles distintos y en valores distintos, crea el caldo de cultivo perfecto para que las mujeres sientan de forma masiva el síndrome de la impostora. Y esto es lo que ocurre, que muchas mujeres dudan de si podrán o no “dar la talla” en su carrera profesional. Una baja autoestima o una excesiva auto-exigencia influye en este sentimiento por el cual una persona se ve menos cualificada para un puesto, cargo o desempeño dado, que sus compañeros. Según Coral Herrera, doctora en Humanidades y experta en Género y Comunicación, afirma en la revista S moda que “nuestra cultura patriarcal nos enseña que las habilidades femeninas no tienen tanta importancia como las masculinas. Por eso hay labores de cuidado, crianza y domésticas que no se pagan, ni tienen valor social, aunque son imprescindibles para la supervivencia”. Por ello, desde su perspectiva, “el síndrome de la impostora tiene mucho que ver con esta idea de que los hombres lo hacen todo mejor. Hay estudios que explican que las niñas, a partir de los 5 o 6 años, ya tienen la sensación de pertenecer a un grupo inferior. Para ellas las mujeres pueden hacer cosas buenas, pero son los hombres los que destacan”.

En el mismo artículo la psicóloga y sexóloga Cristina Callao dice que “es posible que las personas que sufren este síndrome tengan problemas gastrointestinales, jaquecas, tensión o dolor muscular, insomnio, apatía, conductas de desorden en los hábitos alimentarios, etc. ya que no sabemos manejar estos problemas de autopercepción, autorrealizamiento y perfeccionismo, generalmente por desconocimiento de lo que nos ocurre y nuestro cerebro tiende a manifestar esa angustia en algo palpable”.

El síndrome de la impostora es parte de una construcción social mediante la cual  las necesidades femeninas son menos importantes que las masculinas, por ello algunas mujeres se sienten obligadas a exigir menos, o nada, pero siempre dar más y sus capacidades profesionales son puestas en duda y atribuidas a la suerte o a algún otro factor, olvidando y despreciando el esfuerzo personal de las mujeres.

Por lo general el síndrome de la impostora se atribuye a mujeres con éxito profesional, pero yo creo que no es así, que cualquiera de nosotras realizando cualquier trabajo puede tener este sentimiento. Silvia Nanclares lo explica muy bien en este artículo para el diario.es.

Fuimos niñas de primera fila, a veces de última, porque el malotismo siempre da puntos sociales y hay que saber estar un poco en todo. De mayores invertimos horas y sacrificios para conseguir esos títulos, ese trabajo, esa sensación de bienestar profesional y, ¿ahora vamos a dudar de nuestras capacidades? no, me niego. Como con muchas otras cosas a veces nos asaltan pensamientos que creíamos destruídos pero que nos hacen ver cuánto pesa la educación y el entorno social en el que vivimos. Ya somos fuertes para arrancárnoslos de raíz y reconstruirnos una autoestima y autopercepción mejorada. En el terreno profesional no es diferente. Refuerza tu lado positivo, reconoce lo que se te da bien o mal y quiérete. Quiérete a través de los halagos a tus méritos, déjate halagar y ten presente que cada unx de nosotrxs es diferente, con sus características y que nadie debe ser peor que nadie porque el aprendizaje es continuo y hay tiempo para mejorar y si es el caso para plantarle al detractor de turno nuestras capacidades a la cara.

Lo sé, en la teoría queda muy bonito, pero la realidad es otra. Lo importante es tenerlo presente y ser conscientes de ello porque así habrá oportunidad de mejorar.

2 comentarios en “Soy un fraude | El síndrome de la impostora

  1. Por desgracia conozco esa sensación. Y por más que intentemos sacarnos de la mente que tenemos la valía necesaria para desempeñarlo, y que tengamos trabajos anteriores que lo demuestren (incluso a nosotras mismas), está esa duda, ¿y si esta vez es diferente? La autoestima en ese caso se resiente, y por más que quien te conoce te diga que puedes, sigues teniendo esa duda, quizá es que no sabemos valorarnos, o vender nuestra valía, pues también hay veces que parece que otras personas aparentan ser más capaces cuando puede que estemos a la misma altura. Seguridad en una misma que se ve mermada por nuestra mente 😦

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    1. Tienes toda la razón. Qué difícil es esquivar ese momento crítico de dudar de una misma. Yo siempre digo que hay que seguir y ya se verá y se irán aceptando los retos, pero que nada nos impida dar un paso más. Así es muy bonito, pero la realidad ya es otra cosa. Podemos ponernos como nueva meta eliminar todas esas barreras y si vamos a ser impostoras serlo bien!. Muchas gracias por comentar, por visitarme y que tengas un buen inicio de mes!

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