¿Puede ser el reggaeton feminista? Es una pregunta que llevo tiempo haciéndome. Si nos paramos a pensar en las letras de las canciones pertenecientes a este estilo musical que nos llegan a través de los medios y en las discotecas, la respuesta es un rotundo NO. Y sí, así en mayúsculas. Porque el reggaeton digamos mainstream o comercial trata a la figura femenina como un objeto para uso y disfrute de lo masculino. Es como una invitación a que las mujeres saquen toda su “sensualidad” y la pongan en bandeja para aquel hombre que se deleita observando cómo mueve el culo haciendo tuerkin sin más objetivo que el de “levantarle” el ánimo y sacarlo a la pista de baile.

Pero como en casi todo, hay una cara B del reggaeton. Y es que si nos alejamos de las canciones típicas, que seguro que te ha venido alguna a la cabeza mientras lees esto, podemos encontrar que hay más corrientes que las que conocemos. Sí, sigue siendo reggaeton, pero es totalmente diferente. Esto no quiere decir que le demos la vuelta para que sean ellos los que perreen y las mujeres sean las observadoras principales, lo que hace este otro tipo de reggaeton es utilizar la música para lanzar reivindicaciones y alcanzar a través de la música y el ritmo. Se ha convertido para algunos grupos en un arma política que se manifiesta a través del movimiento corporal.

Buscando información sobre un reggaeton feminista y político acabé en un artículo de  Eldiario.es que explica muy bien cómo se ha ido haciendo este cambio de tono. Me pareció especialmente interesante el planteamiento que hace de cómo esta corriente musical sirve de nexo y de punto en común entre los jóvenes de diferentes procedencias.

 "Ha hecho más sencillo el diálogo intercultural en las aulas y patios de colegios. Son pocas las estrategias del Gobierno para trabajar en la integración de la población inmigrante. Y, de repente, llega esta música y consigue conectar y crear comunidad".

Además, yo tenía especial interés en conocer de dónde viene realmente esta corriente y cómo se ha ido transformando en el reggaeton que hoy en día conocemos. Según el mismo artículo, “sus orígenes se sitúan en Panamá en los años 60, cuando llegaban vinilos jamaicanos de dancehall y reggae. El ritmo resultó demasiado lento para los panameños, que aceleraron los acetatos de 33 a 45 revoluciones por minuto. Así surgieron grupos muy famosos que tomaban las bases de Jamaica para cantar “reggae en español”, como Renato y las 4 estrellas y El General. La inmersión en el reggaeton tal y como lo conocemos, sin embargo, se da en Puerto Rico en los años 80, donde eran grandes seguidores del nuevo estilo panameño. Como no tenían dinero para llevar a esas estrellas, las discotecas comenzaron a grabar sus propias letras por encima de las bases de reggae aceleradas. La esencia era hip-hop pero con un sabor más compatible con el Caribe, dicen en el documental Chosen Few. De repente, los ritmos que movían a círculos muy específicos de raperos marginales, se convirtieron en un gigante musical y en una industria multimillonaria”

Volviendo a la reconstrucción de este estilo de música, se está aprovechando el tirón que tiene para ir introduciendo otros temas que el comercial obvia, como el aborto, una política crítica e incluso la cultura queer. Uno de los grupos más conocidos es Chocolate Mix. Desde una perspectiva lésbica dan el cambiazo para reivindicar que frotarse, perrear y bailar también se hace por un placer propio y no para el o la otra. Por otra parte, para hablar de este tema, no pude obviar a June Fernández de Píkara Magazine que dice ante esto “¿o sea que si yo me froto contra un tío es para darle gustito a él? ¿Acaso no creen que frotarme me da gustito a mí?”. Pero hay muchos más grupos, como el de Torta Golosa que dicen hacer “reggaeton tortillero feminista”, que utilizan para hacernos conscientes de que la violencia hacia las mujeres es estructural y el machismo se ha naturalizado tanto que en lugares como Chile es avalado por políticas públicas como la penalización del aborto. Según ellas, el feminismo les ha jodido la vida: “Una vez te das cuenta de que la violencia machista está en todas partes es imposible no cuestionarse las relaciones familiares, las de amistad, las de pareja e incluso las laborales. Una vez te haces feminista, no puedes disfrutar de una canción si habla mal de una mujer”.

Pero no nos engañemos, no solo el reggaeton contiene estereotipos, denigra a las mujeres y las convierte en objetos. Y sino, parémonos a escuchar la música que sale por las cadenas comerciales. Coincido con las chicas de Torta Golosa, una vez que te pones las gafas… ya no vive una tranquila. Ahora, que prefiero cuestionármelo todo y enfadarme por esta sociedad que tenemos y luchar por intentar cambiarla, que poner la música a tope y quedarme sorda ante los constantes ataques. Y esto se extiende a películas, series, noticias…

 ¿Y qué hay del sexo?

El sexo también impregna a este reggaeton feminista. Sexo libre, sexo poliamoroso, sexo lésbico, sexo curioso, sexo y más sexo sin normas ni restricciones. Así, como nos gusta. Haciendo lo que nos gusta y librándonos de esa mirada masculina que todo lo domina. Eso es lo que quieren conseguir las autoras que van cada vez extendiendo más sus letras reivindicativas.

Ñejo hablaba de una criatura osada y libre como un cielo despejado: “No quiere novio, quiere vacilar na’ más. No quiere a nadie que le esté diciendo na’, ningún bobo que le venga hablando pendejás. Ella no tiene que explicarle a nadie pa’ dónde va”.

Las chicas de La Factoría, son conocidas por cantar “yo soy tu gatita, tu gatita”, descargaban su rabia al entonar: “Dale, que hacer daño es lo que sabes. Voy a pedirle a dios pa’ que tú me la pagues. Eres el maestro del engaño y de la tiranía. Acabaste con los sueños y con la vida mía”. Un paso más allá dio DJ Kun, que hizo un alegato feminista en contra de los cánones de belleza y de la gordofobia: “Nada de silicona, nada de liposucción, sin prejuicios ni complejos, 100% natural, dedicamos este coro a las yales de verdad […] El perreo de la fea la linda lo desea”, recitaba en Yeah Maracuyeah.

No soy una gran admiradora del reggaeton, lo confieso. Disfruto mucho más con otros tipos de música, pero si hay que escucharla alguna vez, por lo menos que sea este tipo. ¿Conseguirán llegar a las salas y discotecas y desbancar a los machunos reggatoneros?

Como decía Emma Goldan: “si no puedo bailar, tu revolución no me interesa.”

 

2 comentarios en “¿Existe el reggaeton feminista?

  1. Lo siento, odio el reggaeton y este aire feminista no ha hecho que me reconcilie con este género musical, si es que se le puede considerar música.
    No creo que vea demasiado la luz este nuevo aire, pero bueno, se agradece otro punto de vista dentro de este género.
    Besico

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    1. jejejeje A mi tampoco me gusta, pero sentía curiosidad por si dentro del movimiento había otras corrientes. Aunque no nos guste, que haya otras voces dentro de él me parece importante. Me hizo gracia escuchar algunas, pero para mi musicaterapia personal prefiero otros géneros.
      Un saludo y gracias!

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