El jueves pasado dos chicas fueron “invitadas a abandonar” (forma suave para decir que las echaron) el bar Baserri de Bilbao. El motivo fue que estaban mostrando su amor de una forma “demasiado efusiva”.

Las primeras noticias que tuve sobre este incidente me llegaron a través de las propias protagonistas, las cuales narraban en su muro de facebook cómo se sentaron en este bar para tomar algo ya que una de ellas debía tomar una medicación. La camarera del bar les informó que su jefa, dueña del local, le había indicado que las invitara a dejar el establecimiento. La camarera mostró su desacuerdo por la decisión, pero acataba órdenes. Fue entonces cuando las chicas publicaron lo ocurrido en las redes.

Al día siguiente los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia y grupos LGTB anunciaron una concentración y besada frente al bar. Ante esta situación el bar colgó carteles para anunciar que durante una hora las cañas eran gratis para todas las parejas que fueran al local y se besaran sin importar su orientación sexual, y así hacer ver que no tienen nada en contra de las parejas del mismo sexo.

La dueña del establecimiento afirma que las chicas estaban “fuera de sí” y se comportaban de una manera “indecorosa”. Ella estaba de vacaciones y un cliente le llamó por teléfono para avisar de lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando ella telefoneó a la camarera que estaba en ese momento atendiendo en el bar para darle instrucciones de lo que debía hacer. Además, ha añadido que no tiene nada en contra de las parejas del mismo sexo ya que su camarera “también es lesbiana”. Aquí tenéis el audio de sus declaraciones. Según afirma, todo está grabado así que cuando se produzca el juicio se verá cuán de indecorosa era la situación.

Ahora os voy a contar otra situación. Es algo que ya me ha pasado en varias ocasiones. No es nada fuera de lo común y seguro que a vosotras y vosotros también os ha ocurrido, lo habéis presenciado, observado e incluso puede  que protagonizado.

Estoy sentada en una terraza de un bar. La última vez fue el sábado por la tarde. En la mesa de al lado hay una pareja. Chico y chica. Están tomando un café, igual que yo. Ella se levanta pide un vaso de agua y se vuelve a sentar. Están en actitud cariñosa. Se besan, se acarician, se pasan la mano por la espalda… y él le toca las tetas. Los besos son más intensos, se están poniendo un poco tontos. El va avanzando con las manos y le mete de vez en cuando la mano por la parte de la axila agarrando el sujetador. La otra mano va por otros derroteros. Prefiere surcar las costuras de la falda e ir subiéndola. Tocando los muslos y metiéndola hasta donde ella le deja. Yo, observadora de la situación, pienso en dos cosas. Por un lado, pienso en las veces que he visto esta escena. Como decía nada fuera de lo normal. Hace una tarde maravillosa en una terraza bonita y una pareja se da un magreíllo. Vale. Pero dentro de esto hay otra situación en la que ya me he fijado en más de una ocasión. Él se siente como en el salón de su casa y le toca como si pudieran recostarse y seguir hasta “el final”. Y ella pone su mano sobre la de él para regular la intensidad de sus caricias, como quien sube y baja el volumen para no molestar a los vecinos. Cuando él sube la falda ella le pone el tope y dice para, hasta aquí. Entonces yo pienso ¿por qué ella le tiene que estar diciendo hasta dónde puede levantarle la ropa o tocarle? si a ella no le gusta que le suba más de ese punto la falda en público él debe saberlo ¿no?. Bueno, pues aún bajo este aviso los intentos no cesan. Paran y tras seguir con sus bebidas vuelven a besarse y recorrerse y de nuevo él acude a los puntos y se repite la situación.

No me malentendáis y penséis que me he escandalizado ante la escena. No soy precisamente una persona a la que le de reparo o no le gusten las muestras de deseo (véase este blog como prueba), pero cuando veo estas situaciones pienso, cambiemos a los personajes y observemos el entorno. Un chico y una chica en una terraza o en un banco dándose el lote, como comúnmente se dice. A nadie le llama la atención. Si va pasando un poco a mayores y se ponen tontorrones… a nadie le llama la atención. Es más, es lo más natural del mundo y genera algunas risitas cómplices que lo refrendan. Pero cuando es una pareja del mismo sexo, la experiencia me dice que las miradas no son iguales. Te besas, ya no digo apasionadamente, unos besos, unas caricias y automáticamente ves que alguien te mira. Ya las miradas te dan igual. Pero supongamos que dos chicas se ponen a demostrarse su amor como esta pareja de la cafetería. ¿Qué pasa? pues que a no ser que estés en un entorno de confianza, las reacciones no son las mismas si quienes lo hacen son una pareja gay, lésbica o una heterosexual. Es sutil. No se suelen levantar y gritar o como ha ocurrido en este caso echarte de una bar, pero sí que las reacciones cambian. Son gestos, son miradas, son actos que pasan desapercibidos porque si no agudizas mucho la mirada no siempre te das cuenta. Porque si no te pones como observadora u observador no te fijas en estos pequeños detalles que marcan las diferencias.

A lo que voy es que la cuestión no es si las actitudes son demasiado cariñosas o no, la cuestión es que se sigue sin ver de la misma manera las muestras de deseo, amor, pasión o como queramos llamarlo, de una pareja heterosexual a la de una pareja homosexual. El filtro que se impone no es el mismo y enseguida saltan las alertas.

Está claro que no se debe generalizar, pero os invito a que cuando estéis en una situación similar cambiéis la forma de ver lo que tenéis delante. Cambiad a los actores y actrices. Observar las reacciones del entorno y las vuestras propias porque a veces nosotras y nosotros mismos reaccionamos o nos asalta un pensamiento que no queremos tener, pero del que solo nos podemos librar si hacemos esta autocrítica y deconstrucción.

*Después de este suceso comparto la información proporcionada por el grupo FeministAlde sobre otra agresión LGTBfoba en Bilbao. 

"Anoche 24 de septiembre, horas después de la protesta por echar a una pareja de mujeres de un bar por muestras de cariño, se ha producido otra agresión LGTBfoba en la calle iturribide de Bilbao: Un hombre ha agredido a una pareja de mujeres que estaba besándose. Ha sido perseguido por compañeras de las chicas, tras lo cual le ha partido el labio con una botella de cristal a una chica"
Concentración frente al bar

 

6 comentarios en “Comportamientos y comportamientos

  1. Pues creo que tienes toda la razón. Nos encanta ir de progres y tolerantes, pero con la boca chica. En este país ni somos racistas, ni homófobos, “pero que mi hija no sea lesbiana ni salga con un negro”. Entiéndeme lo que quiero decir y a donde quiero llegar. Si me diesen un céntimo cada vez que escucho esa frase: “yo no soy racista, pero…” ahora mismo te podría estar escribiendo desde Las Bahamas…
    Besicos

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con Maryasexora. No somos más racistas porque en este país no ha habido una tradición de emigrantes de color. Pero desde que llegaron sudamericanos, personas de África, etc. Yo si escucho la frase tan común de “Vete a tu país, y no vengas aquí a aprovecharte de la sanidad, las escuelas o quitarnos el trabajo”. Es como un canción, siempre la misma letra.
    Gracias.
    Saludos y enhorabuena por el post. Denunciar es de personas justas.
    Carla Mila

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  3. Desde luego que la gente no tiene remedio.
    yo no soy mucho de escribir por aqui, pero yo si veo que alguien me mira mal cuando me estoy dando un beso pues cojo me giro y le digo si no te gusta pues toma otro. Si la gente es descarada yo mas. De verdad que me saca de mis casillas, esperemos que esto vaya a mejor con los jovenes de ahora, porque lo que hay que ver, vaya tela 😦

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    1. ¡Me apunto esa reacción! pero he de admitir que no es fácil en el momento responder así. Cuesta mucho llegar a ese momento de decir toma si no te gusta… claro que se respira mejor cuando ya nada te importa. Escribí este post porque a través de experiencias he visto cómo cuando (siendo mujer) el entorno no te mira igual mostrando tu amor con un hombre o si lo haces con una mujer. Hay que pasar por todo, de todo y crecer.
      ¡Gracias por comentar!

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