Tras el fundido en negro el sol brilla e ilumina los verdes campos. El olor a paja, a granja y a tierra traspasa la pantalla. La sensación de calor en la piel, de sudor resbalando por el cuello y de sentimientos encontrados cala a las y los espectadores que miran a la pantalla con expectación.

La historia nos la “sabemos”, amores imposibles, amores juzgados, deseos reprimidos, tensiones familiares… pero al mismo tiempo no es la típica historia de amor en la que lxs protagonistas luchan contra su entorno para estar juntxs. Esta es otra historia. Esta es, en mi opinión, una historia bastante real e incluso, aún hoy en día, demasiado habitual.

La Belle saison, traducida al castellano como Un amor de verano, narra la historia de dos mujeres que se conocen un día en el París de los 70. Ese día marcará sus vidas para siempre. Son dos caras de una misma moneda. Carole ( interpretada por Cecile de France), parisina y urbanita, se desenvuelve con soltura en la lucha feminista de la época. Las injusticias que ve en la sociedad en la que vive le impulsan para seguir luchando. Arropada por su grupo de mujeres feministas se lanzan a las calles para conseguir un mundo más igualitario. Por otra parte, Delphine (Izïa Higelin) proviene del campo. Tras pasarse toda su vida ayudando a sus padres con la granja familiar, toma la decisión de mudarse a la capital para emprender una nueva vida. Un vida más independiente. Sus situaciones personales son muy diferentes. La primera convive con su pareja, un hombre perteneciente a otros movimientos y de vida aburguesada, mientras que la segunda proviene de una familia humilde del sur de Francia y que tiene claro que le gustan las mujeres, pero no si esto es correcto ni si podrá vivir la vida que realmente desea. A lo largo de la película sus perfiles y personalidades se irá definiendo e irán tornando caminos que en un principio intuimos pero desconocemos. Carole le muestra y acerca a Delphine al mundo universitario, a la lucha por los derechos de las mujeres y la introduce en otro estilo de vida. Delphine le enseña la rendición a los placeres, a las sexualidades y juntas emprenden un camino hacia el descubrimiento mutuo. Sus experiencias sexuales son el principio de una historia en la que se nos van a mostrar muchas caras. La confusión por la atracción sexual hacia diferentes tipos de personas, el cuerpo femenino como centro del placer, la no necesidad del hombre y de su mirada para mostrarlo, la confrontación por asumir una identidad que no encaja en la sociedad y sobre todo la autoaceptación para poder mostrarse ante los demás y luchar por lo que realmente se desea.

La película está impregnada de frases elocuentes, de citas para recordar, pero sobre todo lo que tiene es mucha fuerza. Comienza con el feminismo como protagonista. La asamblea en la Sorbona tras Mayo del 68. Haciéndonos ver y reflexionar que en realidad el mundo no ha cambiado tanto. Que sus luchas siguen siendo nuestras luchas y que muchos de los derechos por los que se las ve batallar, son todavía asuntos pendientes. No lo puedo evitar, cada vez que veo una película como ésta me hace replantearme que no hacemos lo suficiente como para honrar lo que aquellas mujeres fueron capaces de hacer. Que muchas de sus causas se han quedado por el camino y que no somos capaces de mantener ese ritmo de lucha y reivindicación.

Aparte de la lucha feminista que es muy importante en la película, está la lucha por vivir sin condiciones y sin etiquetas. El entorno es hostil para aquellas personas que se salen de la norma, tanto en el mundo rural como en el urbano. La ruptura de esquemas es muy importante en la trama de este film. Romper, deconstruir y reconstruirse a una misma. Con nuevos valores, sensaciones y experiencias. El guión sufre varios cambios bruscos que hacen a las protagonista tomar decisiones que marcarán sus vidas. Delphine se ve obligada a volver a la granja porque su padre enferma y debe ayudar a su madre con las tareas del campo. Aquí es donde surgen los conflictos alrededor del papel de las mujeres en las tareas domésticas y laborales. La no remuneración porque “con el sueldo del marido es suficiente” y la figura del hombre como patrón y patriarca. Ahora dos mujeres están al mando de las tierras, sin embargo, el padre y un amigo que de vez en cuando les ayuda, siguen siendo los que están a la cabeza de los logros conseguidos. La madre es la representación de todas esas mujeres que han trabajado (y lo siguen haciendo) pero a las que no se les reconoce su esfuerzo. Con un aspecto serio, callada, siempre en la cocina o en el campo trabajando rompe un poco con su papel cuando Carole va detrás de Delphine y aparece en la granja llenándolo todo con un aire más fresco. Más fresco para Delphine que encuentra en ella su refugio tras ocuparse de la granja y para su madre a la que le pregunta si no se siente orgullosa de su trabajo y de conseguir todo haciéndola ver que el papel del hombre no es imprescindible. Ella contesta: “las mujeres siempre lo hacemos y nunca nos llevamos ese mérito”. Una escena de baile sirve para ver la rigidez de la situación de estas mujeres y cómo el movimiento corporal deja fluir algunas de las opresiones.

En cuanto a la sexualidad. Esta película es naturalmente sensual y sexual. Sin pudores, sin claroscuros, sin sombras, sin escenas veladas. Se nos muestran dos cuerpos llenos de deseos, naturales y espléndidos. Sus encuentros en París son fantásticos, pero es cuando se encuentran en el campo cuando la película alcanza un color diferente. La luz se apodera de todo. Los cuerpos fluyen, las sensaciones se comparten con lxs espectadores, casi se puede oler el sexo a través de la pantalla. Los encuentros fugaces y escondidos y los mostrados ante el mundo abierto y verde del campo son para mí uno de los puntos fuertes de la película. Es casi irremediable su comparación con La vida de Adèle. Los dos films narran la historia de amor y sexo entre dos mujeres, desgraciadamente poco común en el cine si no es bajo determinados patrones o fines, pero son completamente diferentes. Y si me permitís, es diferente por los ojos que las han rodado. Esta película, La Belle Saison ,es fruto de Catherine Corsini, Elisabeth Pérez y Laurette Polmanss.(directora, productora y coguinista), mientras que la de La vida de Adéle fue dirigida por un hombre, Abdellatif Kechiche. Esto, en mi opinión, marca la diferencia. Si nos fijamos en las escenas sexuales, La Belle Saison es natural, el sexo que se representa entre dos mujeres es el sexo tal cual, sin adornos. Es el sexo que disfrutamos las mujeres al acostarnos con otras mujeres. Sin embargo, el sexo representado en la otra tiene una mirada más voyeurística. Más artificial, con ciertos estereotipos. Enmarcado en una competición entre el placer masculino y femenino. Otra comparación que no he podido evitar hacer es con la película Carol. La historia vuelve a ser similar. Dos mujeres, esta vez de mundos más próximos, se conocen y sienten una atracción sexual. Por una parte Carol tiene clara su orientación sexual, mientras que para su compañera es algo nuevo y desconocido. De nuevo las etiquetas, las sombras y las dudas personales, así como la culpabilidad cobran protagonismo en el guión. Volviendo al tema sexual, en Carol se muestra el placer femenino, pero esta vez más velado. Diciendo sin decir. Añadiéndole un innecesario halo de misterio.

Una de las reflexiones a las que nos lleva el final de esta película es a cómo la educación y la sociedad en la que nos movemos nos limita a la hora de tomar decisiones.  Y por qué si cuando se trata de una pareja heterosexual el final, la mayoría de las veces, es de felicidad, pero cuando las parejas son del mismo sexo (lesbianas), todo es trágico y doloroso. ¿No les gustan las perdices o qué?

No os voy a desvelar más sobre ella, pero sí que creo que merece la pena ir a verla y descubrir otra forma de ver el amor y las relaciones sexuales. De ver cómo es posible desprenderse de esa mirada masculina cinematográfica que todo lo encorseta. Una experiencia puramente femenina que espero que se mantenga y podamos seguir viendo películas tan naturalmente bellas como ésta.

Una curiosidad: Los personajes protagonistas homenajean a dos fallecidas feministas francesas, la cineasta Carole Roussopoulos y la actriz Delphine Seyrig
 

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