Los fines de semana por la noche las discotecas y bares se llenan de personas que salen a pasarselo bien, a bailar, a beber, a reirse, a desconectar. Pero muchas de esas personas el objetivo que tienen para una noche de fiesta es encontrar algo. ¿Algo?, bueno para ser concreto Sexo.

Sin rodeos, sin dilaciones, buscamos sexo. Buscamos un poco de atención, desfogarnos para liberar las tensiones que vamos acumulando. Estamos en la era del sexo sin compromiso, de los amigos con derecho a roce o por ser más modernos los Fuck-friends. Huimos del sentimentalismo, del romanticismo, buscamos cuerpos, ardor, placer, excitación. Es la Hookup Culture.

Es curioso fijarse en estas situaciones, las miradas se cruzan, se buscan entre las tinieblas de las luces tenues de un bar. La gente baila, si se puede nos aproximamos más para poder buscar algo que nos de pie a iniciar una conversación. Un golpe, un ¡ay perdona! es el desencadenante de una más breve o más corta conversación que acabará con un polvo rápido en los lavabos o un intercambio de teléfonos por si mañana aún me acuerdo de ti.

Pero rebuscando en las entretelas de esta Hookup Culture he encontrado algo muy curioso. Muchas de las personas que se definen como buscadores de experiencias sexuales sin compromiso solo se esconden tras una fachada. Según un estudio publicado en el libro S=EX preferimos el romanticismo al sexo sin compromiso.

sexo casual

Entonces yo me pregunto, ¿qué hay de las noches de fiesta que acaban en casa de un/a desconocido/a?, ¿por qué lo hacemos?. La verdad es que puede llegar a ser confuso. Por un lado el llamado Walk of Shame, referido a la vuelta a casa con la misma ropa con la que se salió al día anterior, se ha convertido, en la sociedad del sexo sin compromiso, en un Walk of Proud.  Es decir, el camino de la vergüenza de admitir sin mediar palabra de que hemos pasado la noche fuera y volvemos con la ropa del dia anterior lo cual significa que la noche acabó en otra cama. Se ha convertido en un camino de orgullo y gloria. De presumir, anoche fui yo quien no durimió en mi propia cama.

Entonces, si tan orgullosos/as nos sentimos de conseguir polvos de una noche y de renegar del compromiso de una relación. Por qué luego nos sentimos tan desgraciados si en nuestras vidas nadie dura demasiado tiempo.

El sexo sin duda se ha convertido en una herramienta más de medición de estatus social. Si eres un/a conquistador/a algunos te alabarán por ello y otros no, depende del círculo en que te muevas. Pero lo que está claro es que conseguir estos encuentros afecta a nuestras vidas sentimentales individuales. El sexo nos hace más felices y mejora el estado de ánimo. Las personas que sienten soledad pueden encontrar en estas situaciones un alivio de su estado anímico. Pero hay que tener cuidado porque la búsqueda de sexo fugaz no siempre soluciona nuestros problemas internos. A veces incluso puede revertirse en un mal sentimiento.

Y el sexo, ¿cómo afecta a nuestra vida social?. Puede elevarnos a la categoría de ídolo por nuestra vida exitosa o hundirnos por buscar algo qué no sabemos muy bien qué es.

Así es, el sexo puede convertirse en un factor social más.

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