Rebuscando en el baúl de los recuerdos he encontrado este relato que escribí para un concurso que no se realizó al final. Así que os lo dejo para que lo leais y espero que os guste.

Cuarto osscuro

Paseaba bajo la lluvia mientras reflexionaba sobre su propia vida. Había tenido tan pocos amantes que podía contarlos con los dedos de una mano. Hacía tiempo que quería probar cosas nuevas, recurría al alcohol y a las fiestas para desinhibirse, pero aún así no conseguía liberarse del todo. Le hubiera gustado proponerle a aquel novio un trío, posturas más atrevidas, sexo en público, ponerle a su vida sexual más emoción, pero se fue antes de que llegara a sugerir nada.

Ella echaba en falta la agresividad en el sexo que veía en las películas porno, los arrebatos de las comedias románticas en las que la pareja follaba en cualquier lugar sin importarles nada más, meter la mano por dentro de la ropa de sus acompañantes en cualquier bar atestado de gente y con la música tan alta que nadie podría oír sus gemidos. Es cierto que lo de no tener pareja le condicionaba un poco, pero lo que más deseaba era ser capaz de llevar a cabo todas esas fantasía ella sola.

Mientras caminaba levantó la vista para ver la hora en el reloj de un edificio, giró la mirada y vio un anuncio de una nueva red social. Odiaba esas páginas de contactos donde la gente se muestra semi-desnuda y que a su parecer, ruegan por un poco de sexo con una o un desconocido. Pero esta vez le llamó la atención, no tenía nada mejor que hacer el resto de tarde así que podría echarle un vistazo. Al llegar a casa se quitó toda su ropa mojada, se puso una camiseta y encendió el ordenador. Se sentó frente a él y tecleó en el buscador el nombre de la red. Ante ella se abrieron multitud de anuncios, teléfonos de contactos, fotos, sugerencias… se mostró escéptica ante tal número de personas que buscaban compañeros o compañeras, ofrecían sus casas o hacían intercambios de parejas. Pasaba las páginas y páginas sin encontrar nada demasiado llamativo, cuando estaba a punto de dejarlo le llamó la atención un anuncio corto y escrito con detalle. Un chico buscaba una acompañante para ir a un local “furtivo”. No sabía muy bien que se entendía por “lugar furtivo”, pero la idea de quedar con un desconocido le excitó tremendamente. Mandó un e-mail al anunciante interesándose por su mensaje. Ahí mismo sentada en la silla no pudo evitar imaginar un encuentro sexual con un hombre que no conocía, sin rostro, sin voz, pero que poseía un cuerpo que la iba atrayendo y un miembro que deseaba chupar. Comenzó a tocarse por encima de la camiseta, tenía los pezones duros. Fue bajando su mano hacia las bragas, se acarició primero por fuera y notó su excitación. Apagó el ordenador y se tumbó en la cama. Se deshizo de la poca ropa que llevaba, siguió tocándose sus pechos pequeños pero duros, su vagina palpitante, su lubricación era abundante. Pasó un dedo por los labios, los rodeó, los apretó, se pellizcó los pezones con la otra mano, mientras su dedo se iba acercando a su clítoris. Lo acarició suavemente, fue incrementado el ritmo, comenzó a jadear, el pulso se le aceleró, la excitación aumentaba… se giró para coger uno de sus juguetes favoritos y se lo introdujo. Se penetró y comenzó a contonearse sobre la polla de plástico. No podía parar de gemir, se la sacaba y se la metía al mismo tiempo que se tocaba el clítoris hasta que notó que el orgasmo llegaba. Un espasmo le recorrió desde la nuca hasta los pies, la sensación de satisfacción y felicidad la inundó.

La respuesta de él no tardó en llegar. En su correo le contestaba con todo detalle. El lugar al que se refería era un sitio al que se acudía para tener sexo. Un salón preparado para que todo y toda que lo deseara fuera, se desnudara y se dejara llevar. Se daba y recibía sexo, se podía mirar y participar, correrse o abstenerse, pero lo que era obligatorio era disfrutar. Explicaba sus razones por las que había decidido poner el anuncio, y es que el problema es que era un hombre soltero. Se definía bisexual pero no había encontrado ningún hombre ni ninguna mujer que quisiera acompañarle. Le facilitaba su número de teléfono para que se pusiera en contacto con él si seguía interesada.

Atraída por la idea de aumentar el placer que ya desde un principio le había producido la idea, le llamó. Concertaron una cita en un bar a medio camino de sus domicilios para tomar una copa y luego descubrir ese atrayente lugar.

Ella se vistió con las prendas más sugerentes que encontró en su armario. Un conjunto de encaje negro y rosa. Unas medias cogidas por un liguero a juego con el conjunto. Un vestido negro con una pequeña abertura en la pierna y unos zapatos rojos de tacón. Él unos pantalones negros ajustados,  una camisa blanca que enmarcaba su torso y una cazadora de cuero. Se identificaron rápidamente, un saludo tímido y los dos besos de cortesía. A los dos se les notaba tensos, nerviosos y titubeantes. Se sentaron en una mesa para dos al lado de la ventana. Tomaron dos copas y unos chupitos. Cuando hubieron soltado un poco la lengua y ganado confianza se levantaron y salieron a la calle. Él le dirigía los pasos, sutilmente de vez en cuando se rozaban las manos al andar y se tocaban por la cintura. Llegaron al sitio y dudaron en entrar, era una calle muy oscura por donde no pasaba nadie. No se oía ningún ruido ni vieron entrar ni salir a nadie. Tras unos minutos decidieron abrir la puerta. Se encontraron un hall oscuro, negro, con cuadros en los que se representaban orgías. Una mesa como en las que se reserva mesa en los restaurantes. Al cabo de unos segundos salió un chico que les dio las buenas noches. Vestido con un traje negro les invitó a pasar tras unas cortinas de terciopelo rojo. Tras ellas el local se distribuía en pasillos en los que había puertas cerradas y al final del pasillo se veía una sala redonda. El hombre del traje les indicó las normas. No se podía hablar de lo que allí dentro ocurriera, no podían identificar a conocidos, deberían llevar una rutina de higiene íntima por seguridad para sus clientes y sobre todo debería sentirse totalmente libres de hacer con sus cuerpos lo que quisieran. Los dos se dirigieron a inspeccionar el lugar, primero la sala redonda, todo estaba tenuemente iluminado, pero esa luz era suficiente para ver que la sala estaba repleta de cuerpos desnudos. Por el suelo acolchado por cojines y sillones junto a las paredes, por todas partes hombres y mujeres gemían y follaban a ritmos frenéticos. Ellos se miraron y sonrieron con timidez, ella pudo apreciar en él una incipiente excitación. De repente vieron como un hombre se acerba a él y le besó en los labios, le comenzó a desabrochar la camisa y a tocar por encima de la ropa, él se dejó llevar y desapareció entre el resto de los cuerpos. Ella observó la escena con atención y notó como un cosquilleo le nacía de entre las piernas. Le estaba gustando lo que veía. Giró sobre sí misma y fue a observar qué había detrás de cada puerta. En una encontró unos agujeritos por los cuales podía ver el interior. Vio como un hombre atado de pies y manos era golpeado con una fusta, mientras una mujer se sentaba sobre su boca y le ordenaba que le chupara el clítoris. En la misma sala una mujer penetraba a un hombre que a su vez chupaba el pene de otro.

En otra habitación había unos sillones puestos frente a televisiones y en ellos se podía elegir la película porno que querías ver y disfrutar de ella. Ella se sentó en uno de los sillones, observó a una mujer a su lado que se introducía un vibrador y se contorsionaba encima del sofá. Entonces empezó a quitarse la ropa hasta quedarse desnuda y prestó atención a la televisión que estaba frente a ella. Era una orgía en la que hombres y mujeres de diferentes etnias se corrían unos encima de otros. Se tocó su cuerpo pero no tan sutilmente como lo hacía en casa. El ambiente le invitaba a ser descarada a tocarse con ademanes exagerados y a eliminar las contemplaciones, ir directamente a lo que más le gustaba, introducir sus dedos en su vagina y notar como su lubricación resbalaba por ellos humedeciéndolos, mojándole la mano. Cuando sus palpitaciones aumentaban y el orgasmo estaba ya dentro de ella levantó la vista y le vio pasar desnudo por el pasillo. Al ver su pene erecto y su cuerpo desnudo  ella se corrió casi sin darse cuenta sintiendo un placer que le hizo gritar mientras los que se autoerotizaban alrededor la contemplaban como se movía e introducía más sus dedos hasta correrse. Cuando recobró la compostura se levantó y salió a buscarle. Lo perdió de vista, pero se fue asomando puerta por puerta en todas las salas. Al llegar a la última, la del fondo, lo vio de pie apoyado en una pared tocándose su miembro mientras veía al resto follar por el suelo. Ella se acercó y le miró, él sonrió y sin titubear la besó. Unieron sus cuerpos que se iban chocando por las paredes. Ella notaba su polla firme y dura que se frotaba con su entrepierna, su humedad iba a más y sentía como chorreaba por sus muslos. Se agachó y se metió en la boca el pene, lo lamió, chupó, le masturbó sin dejarle terminar. Le absorbió los huevos y subió a besarle en la boca. Él le metía los dedos por sus labios vaginales, le presionaba el clítoris y le dibujaba círculos que le hacían estremecerse. Se tumbaron sobre un cojín y él le abrió las piernas. Metió su cabeza entre ellas y saco su lengua que recogió toda su lubricación. Serpenteó sobre su botón del placer y lamió su vulva hinchada y ardiente. La penetró sin contemplaciones y ella lanzó un grito de placer. La embistió con fuerza, sacó y metió la verga palpitante ella se sentó sobre él y le cabalgó hasta extasiarse. En ese momento un hombre se acercó a ellos y mostró su abultada excitación. Él abrió la boca y recibió aquel falo. En pocos segundos aquel desconocido vertió su semen en la cara de él. Ella, que seguía moviéndose sobre él introduciéndoselo profundamente se corrió y arañó el pecho de su amante. El no la dejó apartarse agarrándola fuertemente de la cintura y moviéndola a su antojo hasta acabar dentro de ella. Los rayos de sol entraban por unas pequeñas rendijas que había en las paredes. Todos y todas se fueron levantando y saliendo del local sin cruzar las miradas, ella se vistió y salió, él la siguió. Tomaron el rumbo hacia sus casas, cada uno despareció por la esquina contraria.

cuarto oscuro2

2 comentarios en “Sexo en palabras

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