He estado pensando qué importante es lo que se dice y lo que no se dice en el sexo. A veces lo que nos guardamos o decimos con una mirada o una caricia es mucho más que verbalizar el deseo. El deseo… eso que nos mueve, nos hace estremecer, fantasear, alejarnos de nuestras vidas y creer en algo más onírico.

He tenido la obsesión de leer libros en los que se narra las aventuras y deseos sexuales de mujeres y hombres. Esos deseos que tal vez hasta tener mucha confianza no revelaríamos a nuestra pareja. O las parejas que vemos en la calle tocándose y hablándose al oído y que al decir algo la otra parte sonríe y cambia la mirada. El punto clave en un lugar poco accesible, un susurro en el momento adecuado, el preliminar que nos hace que no podamos esperar más al final…

De todas esas particularidades, las palabras son una de las más llamativas. Lo que hace que pronunciar esas letras nos haga pasar de cero a cien en un segundo. Sentir la pronunciación en la oreja y ver como los labios se mueven al decirla. Las palabras, nos pasamos la mayor parte del día hablando y las decimos sin pensar, casi sin controlarlas, pero en ese momento… LA PALABRA puede ser lo único.  Puede ser lo que nos haga alcanzar la conquista o perderla, tener un sexo fabuloso o ser un polvo más… quién nos iba a decir que las palabras en el sexo iban a ser tan importantes.

Cómeme, empótrame, fóllame, chúpame, córrete sobre mi… desde las más utilizadas hasta las más especiales para cada Imagenuno y una. No hay un patrón, solo hay placer.

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